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Archives: 4 de March de 2012

[polomoir] (Colombia) Por un modelo agrario de tipo dual

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Por un modelo agrario de tipo dual

Jorge Enrique
Robledo, Bogotá, 2 de marzo de 2012.

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Dice José Félix
Lafaurie, Presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (Fedegán): “La
pobreza en nuestra ruralidad es una de las más altas de América Latina con
50,3% –17 puntos por encima de las cabeceras. El ingreso per cápita real de los
hogares en el campo es 67% menos que en las ciudades. El 42% de la población no
tiene agua potable y la cobertura de alcantarillado no alcanza al 6%. Un escaso
3% del crédito comercial llega al sector primario. La formación bruta de
capital fijo en el sector no pasa del 2%, y la participación sectorial en el
PIB nacional es de 6,3%”. Y agrega: “Seguimos, por tanto, ante el fracaso del
modelo predominante en los últimos 40 años” (El Heraldo, Feb.22.12).

 

Por su parte, Rudolf
Hommes escribe sobre la “crítica (…) situación de la pobreza rural”, señala la
“elevadísima concentración de la tierra en Colombia” y de cómo, no obstante,
“la producción campesina contribuye con el 50 por ciento de la producción
agropecuaria”, de donde concluye que “es difícil, entonces, hacer el argumento
de que los predios de menor tamaño son menos productivos” y declara la
conveniencia de promover una “clase media rural” (Portafolio, Feb.20.12).

 

El diagnóstico se
completa señalando que la producción interna viene siendo reemplazada por las
importaciones –hasta de café–, de manera que en Colombia ya no se sabe qué
hacer con la tierra rural ni con las manos, la inteligencia y los recursos
económicos de quienes pueden ponerla a producir. Y este problema se agravará
con los TLC en los que se empeña el presidente Juan Manuel Santos, quien,
además, no le concede importancia a la economía campesina ni a la de los
pequeños y medianos empresarios, mientras usa su poder para montar una
estructura agraria todavía más excluyente, a favor de banqueros, monopolios y
trasnacionales.

 

Con todo propósito,
empecé este artículo citando a dos personas que se encuentran lejos de militar
en el Polo Democrático Alternativo, pero que plantean un debate, que a mi
juicio debe darse, sobre qué hacer con el sector agropecuario, a partir de
reconocer la gravedad de la crisis que lo acosa. Lo que sigue puede llamarse mi
case en una discusión en la que se juega el futuro del país como un todo,
porque no puede superarse el atraso y la pobreza general si el agro no sale de
esa condición, verdad que prueba la experiencia universal.

 

En otras ocasiones, y
en los debates sobre Carimagua y Agro Ingreso Seguro, expliqué que era
partidario de un modelo agrario de tipo dual, es decir, de campesinos e
indígenas, por un lado, y de empresarios y obreros agrícolas, por el otro,
siempre en el entendido de que a todos les vaya bien y que las contradicciones
entre lo campesino y lo empresarial y el capital y el trabajo se traten de
manera democrática y civilizada y pensando en el progreso del país como un
todo. Es seguro que en Colombia pueden prosperar los dos sectores.

 

Nadie que esté en el
poder en Colombia pone en duda la importancia de la producción de los
empresarios del campo. Y no seré yo el que introduzca esa duda, porque, por
ejemplo, sería absurdo parcelar o lesionar los ingenios azucareros o hacerles
daño a otras formas de economía empresarial. Pero en cambio sí se asume una
posición dogmática y excluyente al negar lo mucho que la economía campesina le
ha aportado al país y lo más que puede aportarle, y no solo por mejorar las
condiciones de vida de tantos compatriotas, sino porque un campesinado próspero
también jalona el progreso industrial y urbano, por la vía de ampliar el
irremplazable mercado interno. Y ojo: en no pocas ocasiones, lo campesino logra
lo que lo empresarial no puede, porque puede producir con recursos menores y
resistir condiciones más adversas. Basta con mirar la historia del café.

 

Otro aspecto del
debate tiene que ver con la importancia decisiva de fortalecer el mercado
interno y proteger el agro. Esto también lo prueba la experiencia global. Y la
de los últimos veinte años en Colombia, donde han retrocedido los sectores
enfrentados a las importaciones subsidiadas, han perdido o ganado poco las
exportaciones y el mayor avance lo han logrado los cultivos para
agrocombustibles, a los que el Estado les creó el mercado y los respalda de
otras maneras.

 

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