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[polomoir1] De Boyacá en los campos

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De Boyacá en los campos

Aurelio Suárez
Montoya, ConfidencialColombia.com, Bogotá, agosto 28 de 2013

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La frase más sonada
en estos días de marchas, bloqueos, heridos, detenidos, forcejeos, físicos y
verbales, fue: “Importar alimentos, es traición a la patria”, pronunciada por
el obispo de Tunja, Luis Augusto Castro. Los neoliberales -que se escandalizan
con ella- seguramente desconocen otra similar de George Bush (padre), quien
dijera: “¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar
alimentos suficientes para alimentar su población? Sería una nación expuesta a
presiones internaciones. Sería una nación vulnerable…”.

 

Lo que el libre
comercio y la apertura produjeron en Colombia en 20 años en la seguridad
alimentaria nacional ha sido un aumento descomunal de dicha vulnerabilidad. En
1989, el agro colombiano suministraba el 90% de los bienes agropecuarios
demandados por industrias y hogares, en 2006 ya se importaban cerca de 5
millones de toneladas. Con relación al consumo nacional, equivalían al 95% del
trigo, al 100% de la cebada; al 75% del maíz; al 90% de la soya; al 90% del
sorgo; al 33% del fríjol y al 100% de la lenteja, del garbanzo y de la arveja
seca. El área algodonera sembrada se redujo de más de 200 mil hectáreas a menos
de 30 mil. Para los últimos años, el número de toneladas importadas de
productos del ámbito agropecuario se ha duplicado, rodeando los 10 millones, y
para 2013, con el TLC con Estados Unidos, puede superarlo, al crecer en el 81%
las provenientes de ese país, tan sólo para el primer semestre.

 

Ante tal avalancha,
estimulados por promesas oficiales, muchos agricultores, pequeños, medianos y
grandes, se refugiaron en géneros presentados como “promisorios” en la
globalización agrícola. Las principales guaridas fueron el café, la panela y el
cacao, fomentados en los programas de sustitución de cultivos de uso ilícito,
la leche, la palma de aceite, las hortalizas, las frutas y la papa. Unos bienes
tropicales y otros de más difícil transacción.

 

¿Cuál es la novedad?
Que las importaciones de tales productos también comenzaron a dispararse. En
café, en los últimos años, sin contar contrabando, han oscilado ente 500 mil y
un millón de sacos; en cacao, alcanzan cerca del 10% de la producción nacional
y un porcentaje algo mayor en aceites de palma, lo que contribuye a que las
compras externas totales de aceites y grasas de origen vegetal y animal ya
sumen más de 600 millones de dólares; las de lácteos y huevos, entre 2011 y
2012, crecieron 144% (¡¡), de casi 50 millones de dólares a cerca de 120. Las
de azúcar, sin contar, el ingreso de sustitutos como el jarabe de maíz, pasan
de 300 mil toneladas, aproximadamente el 15% de la producción nacional,
impactando toda la cadena del dulce, incluida la panela. Con relación a la
papa, hay una avalancha de producto procesado; entre 2010 y 2012, se ha
duplicado hasta 20 mil toneladas, equivalentes a más de 200 mil de papa fresca,
perdiéndose el mercado industrial con la competencia foránea.

 

Es un proceso que a
campesinos, productores y empresarios rurales los ha acorralado a punta de
importaciones y ya no queda renglón posible ni acceso fácil a recursos
financieros para sostenerse. Esta es, además del alza exponencial de los costos
de producción principalmente por insumos, fertilizantes y semillas,
combustibles y energía, la explicación del estallido generalizado que en varias
regiones causó movilizaciones ciudadanas multitudinarias.

 

Qué iba a imaginarse
Núñez que la quinta estrofa del himno de Colombia iba a plasmarse -130 años
después- en contemporáneos “soldados sin coraza”, quienes, independientemente
de los resultados de las negociaciones, “ganaron la victoria”. Sólo que – por
ahora- “el genio de la gloria” tendrá que coronar a los “héroes invictos” con espigas
extranjeras, las autóctonas desaparecieron de los campos de Boyacá.

 

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