Revista de Pangea

"La Revista de Pangea és un recull de notícies de diferents butlletins"

[Colombia] ELN Revista Insurreción Nro. 421

/– Revista Insurreción //N° 421 –/_//_
_/Abril 2014/_
_*INDICE:*_

*El Gobierno Obliga al Paro Revista Insurrección *

*Santos y Ordoñez Contra BogotáPedro Gaitán*
*Apartes de la entrevista del primer comandante del ELN, Nicolás
Rodríguez Bautista, con el diario Vanguardia Liberal, de
BucaramangaNicolás Rodríguez*
*Crisis Ambiental, Alternativas Urbanas y Vida **Luis Carlos Guerrero
Ortega*
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_*El Gobierno Obliga al Paro*__*
*_*
_Revista Insurrección _*
*
Los campesinos, afro-descendientes, indígenas, sectores populares
urbanos y varios gremios económicos, llevan varios meses llamando al
diálogo y a las negociaciones al gobierno, pero éste aplica una táctica
dilatoria, para no ofrecer soluciones a los compromisos firmados en
jornadas anteriores y al Pliego Único presentado por la Cumbre Agraria:
Campesina, Étnica y Popular.

Ya los indígenas U´was llevan más de un mes movilizados para que se
respeten sus territorios ancestrales y contra la explotación petrolera.
La agonizante Casanare también inicia un Paro Cívico. El 28 de abril
arranca el Paro de las Dignidades Agropecuarias, que incluyen cafeteros,
cacaoteros, arroceros, paperos, cebolleros y lecheros. A partir del
Primero de Mayo inicia el Paro de los sectores sociales que confluyen en
la Cumbre Agraria, ante la negativa del gobierno a atender su Pliego.

Al Paro también se suman los transportadores de carga, ante los
incumplimientos a sus promesas. Taxistas y moto-trabajadores de varias
ciudades también anuncian que se van al Paro. Los estudiantes vuelven a
levantar sus banderas de lucha por la educación pública, gratuita, de
calidad y soberana. Los sindicalistas hacen de este Primero de Mayo una
jornada movilización y se declaran en estado de alerta frente a las
protestas venideras. Los pauperizados sectores urbanos reclaman atención
a la cobertura de servicios públicos.

El país está movilizado, pero el gobierno insiste en que no hay motivos
para ir al Paro, porque él está cumpliendo, alega que los movilizados
tienen fines políticos, como dañar la reelección presidencial y que
están infiltrados por los grupos ilegales, cuando en realidad lo más
subversivo es la miseria con que el régimen castiga al pueblo.

En lo más álgido del Paro Agrario del año pasado, el presidente tuvo la
osadía de decir que: “el tal paro nacional no existe”, ocasionando la
indignación y solidaridad de los sectores urbanos, con los campesinos
movilizados. Ahora pretende hacer creer que en Colombia no existe crisis
agraria.

El presidente Santos olvida que en las últimas tres décadas, la Colombia
rural sufre una contra reforma agraria, aplicada a sangre y fuego con el
paramilitarismo, que acrecienta el latifundio y genera más de 6 millones
de desterrados y unas 8 millones de hectáreas expropiadas a los pequeños
y medianos campesinos. Esta acumulación originaria por desposesión, ha
fortalecido una lumpen burguesía mezcla de mafia y paramilitarismo, que
gobernó con Uribe Vélez y que ahora impulsa varios candidatos
presidenciales, para las elecciones del 25 de mayo.

Esta violencia oligárquica desemboca en que Colombia tenga cultivada
apenas una cuarta parte de la tierra apta para la agricultura, mientras
que para la ganadería extensiva mantiene el doble de la tierra apta para
ese propósito. Por esto el país importa más de 10 millones de toneladas
anuales de alimentos, los que antes producíamos, y de lo más escandaloso
es que hoy se importa el 80 por ciento del café que consumimos los
colombianos.

El régimen continúa con su política de la descampesinización y de
empresarización del campo. Por esto, persigue ampliar la frontera
agrícola, por medio de achicar los parques naturales, zonas baldías,
zonas de páramo, zonas de reserva forestal, zonas de reserva indígena y
tierras comunitarias de los afro descendientes, para entregarlas a las
empresas multinacionales mineras y de agro combustibles.

Colombia es uno de los países con mayor concentración de la tierra, con
la desigualdad, pobreza y miseria más altas (índice GINI del 0,87), y
que en el agro mantiene una informalidad laboral del 75 por ciento.

Para sofocar la protesta campesina el régimen incrementa las bandas
paramilitares, etiquetadas como bandas criminales -bacrim- o ejércitos
contra la restitución de tierras. Prosigue el destierro a un ritmo de un
cuarto de millón de campesinos cada año. Sigue la persecución y
asesinato de dirigentes sociales.

La economía campesina sobrevive a duras penas, en contra vía de las
políticas gubernamentales, sin subsidios, sin asistencia tecnológica,
sin vías de comunicación y agredida por el terrorismo de Estado; sin
embargo, aporta el 70 por ciento de los alimentos de los colombianos.

El gobierno se empeña en financiar a los grandes gremios
agroindustriales y ahora anuncia 5 billones de pesos para alimentar el
Pacto Agrario hecho ellos. El erario público y las entidades estatales
especializadas en lo agropecuario, están al servicio del gran capital
agroindustrial, de las prebendas de los políticos, pero nunca se
preocupan de los pequeños y medianos campesinos, ni de los afro
descendientes, ni de los indígenas.

Para completar la calamidad agraria, el régimen firma múltiples Tratados
de Libre Comercio (TLC) con otros países, en los que coloca a competir
en igualdad de condiciones al agonizante sector agropecuario colombiano,
por ejemplo, con la agroindustria gringa, a la que el gobierno de los
Estados Unidos inyecta subsidios por 200 mil millones de dólares
anuales, o con la europea mantenida con más bastantes más recursos. Esto
es “pelea de toche contra guayaba madura”.

Por estas causas, señor presidente, su locomotora agropecuaria no ha
arrancado ni arrancará nunca. El modelo neoliberal es inviable para los
colombianos, porque nos está matando. Es por esto que sus leyes de
Restitución de tierras y de Reparación de las víctimas son apenas una
farsa mediática, que encubre el destierro y el despojo que no se
detiene, mientras por otro lado legalizan la ya descrita acumulación por
desposesión.
Presidente Santos, si quiere ser reelegido, aproveche la campaña
electoral para generar un debate político en torno a un nuevo modelo de
economía. Vaya más allá de la política de los trinos hechos por las
redes sociales y formule propuestas para resucitar lo agropecuario,
porque ya han fracasado las que presentó en el Plan de Desarrollo 2010-2014.

Por todas estas razones, el Paro Nacional Agrario y Popular es un hecho.
Los sectores movilizados no están pidiendo limosna, ellos piden una
Política agropecuaria soberana, como la que presenta el Pliego de la
Cumbre Agraria, donde sostienen que la seguridad alimentaria es una
mentira, sino está sustentada en una política de Soberanía alimentaria.

La elite gobernante debe reconocer que la Madre Tierra no debe seguir
siendo un objeto de explotación, sino un sujeto con derechos, como lo
estipulan las Constituciones de Bolivia y Ecuador. Para el régimen la
ecología y el ambientalismo son apenas tema de discurso por lo que debe
cambiar y desarrollar acciones concretas que conserven la naturaleza y
cualifiquen la vida. Su reto es deslindar con el modelo agrario narco
paramilitar, terrateniente, extractivista y de monocultivo.

Señor presidente, su planteamiento de Paz total debe dar solución al
gravísimo problema agropecuario. Negocie con el país agrario movilizado,
reconózcalo como interlocutor válido y deje de darle un trato de
subversivo, como lo hizo cuando el Paro del año pasado, donde sólo hizo
promesas, mientras envió 50 mil soldados a reprimir a los campesinos
movilizados.

Presidente Santos, una negociación con los sectores que hoy están
movilizados, en que se promueva el debate democrático sobre los
principales problemas del país, es la mejor forma de desarrollar la
campaña por su reelección.
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Santos y Ordoñez Contra Bogotá

Pedro Gaitán
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Bogotá está en crisis; en esto están de acuerdo toda la opinión, y las y
los bogotanos. Los vaivenes jurídicos sobre la destitución e
inhabilitación del alcalde Gustavo Petro, hechas por el procurador
Ordoñez, tienen a la ciudad en un estado de incertidumbre política y
social, de la cual las primeras víctimas son las millones de familias
bogotanas, habitantes de la ciudad y electoras del alcalde destituido.

El drama inició el 9 de diciembre del año pasado, día en que se hizo
pública la destitución por parte de la Procuraduría, siguió el 19 de
marzo, cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)
exigió medidas cautelares para proteger al alcalde, las que fueron
desacatadas por el presidente Santos, quien destituyó fulminantemente al
alcalde, y encargó de la alcaldía al ministro de trabajo Rodrigo Pardo.

A partir de entonces, Santos por medio de Pardo, hace campaña su
reeleccionista en Bogotá. Hizo un consejo de ministros en que plagió las
iniciativas de la Bogotá humana, obra del destituido alcalde, y se
dedicó a denigrar de Petro; que era “un mal alcalde” dijo, que “no sería
el gran líder de la izquierda”, etc.

A pesar de los rimbombantes sobrevuelos en helicópteros dizque para
controlar la movilidad, que a nadie beneficiaron y nada cambiaron,
excepto que Pardo le facilitó el desplazamiento de su casa en el norte
rico al centro de la ciudad. A pesar de destruir casas que se debieron
poner al servicio de la comunidad, a pesar de innovar con ideas de
otros, para el país quedó claro que Santos esta haciendo campaña para su
reelección.

Ahora, 22 de abril, el Tribunal Superior de Cundinamarca falló una
tutela que ordena al gobierno nacional acatar las medidas cautelares de
la CIDH y restituir a Petro a la alcaldía. Santos se vio obligado a
restituir a Petro, por lo que en la tarde del 23 de abril, con parranda
vallenata y balcones abarrotados, el Palacio Liévano recibió a Petro.

Pero lejos de terminar aquí la Batalla por Bogotá, enseguida el
presidente y el procurador enfilaron sus armas contra Petro, impugnando
el fallo que ordenó la restitución del alcalde.

Sin duda, la situación de incertidumbre que hoy vive la ciudad por
cuenta de estos embates oligárquicos, es mucho peor que los tres días en
que se desordenó la recolección de basuras en Bogotá, por los cuales el
procurador destituyó a Petro. Claro, estamos hablando de la ciudad, sus
habitantes y sus problemáticas. Pero para la clase dominante la vida
concreta de la ciudad es un accidente, un asunto agregado, algo que sólo
coloca en función de sus intereses particulares.

Ellos le han dado la vuelta a la política en Colombia, la han vuelto
patas arriba. Para los Santos, Ordoñez, Vargas Lleras, los contratistas
amigos de Vargas y de Uribe, lo importante no es que la política
resuelva los problemas, que tiene una ciudad de 8 millones de
habitantes. Lo realmente importante para ellos, miembros de la tan
distinguida elite política, son sus bolsillos, sus reelecciones, sus
contratos, en fin, sus mezquinos intereses.

No resulta claro para el conjunto del país, qué buscan el presidente
Santos y el procurador Ordoñez, en su intento de quitarle el gobierno de
la ciudad a la izquierda, quien, por 12 años la ha gobernado por mandato
democrático de sus habitantes. Para nosotros está claro, que el régimen
no admite que el segundo cargo de elección popular en Colombia, quede en
manos de la izquierda.

Como habitantes de la ciudad, como ciudadanos con derechos, exigimos que
cesen sus ataques contra la Bogotá Humana, contra la población bogotana,
contra los sectores políticos alternativos, democráticos y progresistas,
contra la paz y la democracia del país. Exigimos que retiren los
tentáculos con los que asfixian la ciudad, al extraer de ella todo el
capital y el beneficio que sea posible. No pueden ser tan cínicos y
someter a 8 millones de vidas a la incertidumbre política, por cálculos
electorales, sectarismo político y religioso, y ambiciones de contratistas.
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_Apartes de la entrevista del primer comandante del ELN, Nicolás
Rodríguez Bautista, con el diario Vanguardia Liberal, de Bucaramanga_*
_*
Comandante Nicolás Rodríguez*_
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_”ESTE GOBIERNO NO QUIERE LA PAZ”_

Los altísimos contingentes de soldados, policías y demás miembros de las
Fuerzas Armadas, junto a sus paramilitares, consumen con su moderna
tecnología de guerra, millones de dólares en busca de destruirnos y eso
no se hace contra una fuerza que esté a punto de extinguirse.

Buscamos que en Colombia haya una salida no violenta a la lucha por la
justicia y equidad social, la democracia y la soberanía, pero la
oligarquía se niega a aceptarlo, porque no tienen disposición de
permitirles a las mayorías que ellas cuenten en el destino de Colombia y
mientras sea así, la lucha continúa.

Tendrá que ser una agenda (de diálogo) que se identifique con la que
enarbolan las mayorías, para que estas sean protagónicas, porque no
aceptamos acuerdos de élites.

Exigir un cese bilateral al fuego y las hostilidades es otro esfuerzo de
todos los amantes de la paz, para que haya alivio a la vida de millones
de colombianas y colombianos, mientras llega la paz y se crea la
confianza en el proceso de solución política del conflicto.

A ninguno de nosotros nos gusta la guerra, somos personas procedentes de
familias buenas, honradas y trabajadoras, que un día la violencia del
Estado nos empujó a la rebeldía y nos alzamos en armas, porque no
encontramos otra opción para defender lo que consideramos justo.

Pienso que ni la oligarquía, ni el gobierno de Santos que la representa,
tienen voluntad de una paz de estas características, ellos son
mezquinos, prepotentes, guerreristas, desprecian a los humildes y los
miran sólo como una fuerza de trabajo que los enriquece, son demagogos,
politiqueros y sin sensibilidad social, quieren una paz que no los incomode.

Las destituciones de Piedad Córdoba y Gustavo Petro: este régimen no
tolera posturas críticas ni la voz de quienes hacen la política y la
vida de manera diferente y a favor de las mayorías.

Para que en Colombia el proceso de paz sea exitoso, se requiere que se
discuta cuáles fueron las causas que originaron el alzamiento en armas y
se resuelvan tales causas, para que la historia no se repita.

Todos los procesos de paz emprendidos en el mundo han sido muy
complejos, unos han fracasado y otros han sido exitosos; los exitosos
son los que han contado con la activa participación del pueblo, yo le
apuesto a ese tipo de proceso de paz, si no es así, se fracasa.

Nosotros no nos vamos a reinsertar a un sistema contra el que nos hemos
levantado en armas; un proceso de paz tiene que proyectarnos a un nuevo
sistema, que sea incluyente, tolerante, pluralista donde se pueda vivir
en democracia, aceptando las diferencias, acordando y respetando reglas
del juego, que permitan la armonía y la convivencia y donde los
conflictos de todo orden se resuelvan pacíficamente, sin que los
ciudadanos se vean obligados a levantarse en armas. Ese sistema estamos
dispuestos a ayudarlo a reconstruir con todas las fuerzas de las
colombianas y colombianos patriotas, demócratas, progresistas y
revolucionarios, que no caben en el actual sistema de violencia y exclusión.

Crecimos admirando la rectitud de aquellos viejos, su rectitud, su
respeto a la palabra empeñada, sus ganas de justicia y democracia, sus
sueños de libertad y su amor y espíritu solidario por los demás. Ellos
nos dieron ejemplo, nos inculcaron la necesidad de luchar, de no aceptar
pasivamente la injusticia y vibrar por la causa de los desposeídos, de
ser leales y firmes, de hacer el bien al que lo necesita.
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Crisis Ambiental, Alternativas Urbanas y Vida
*_
_*Luis Carlos Guerrero Ortega*_
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Cada día afloran balances de los estragos producidos por las políticas
neoliberales. Contrario a todos los anuncios optimistas que recorrieron
el mundo presagiando el fin de las alternativas porque el neoliberalismo
era el futuro de la humanidad, va ganando mayor opinión que desde la
puesta en marcha de las políticas neoliberales se han visto reforzadas
las tendencias al empobrecimiento de la población del mundo y entre ella
la urbana, se ha sufrido una disminución y deterioro de las políticas
sociales para procurar mayor justicia social y se han agudizado las
problemáticas ambientales hasta el punto de que hoy es patética la
crisis ambiental. Y no es asunto secundario que estamos traspasando los
umbrales de la sostenibilidad de la vida en el planeta.

No pasa un día en que en los medios no registren problemáticas
ambientales y todos los días se llama a superar el estado de emergencia
ambiental que vivimos. También vemos con optimismo que se vaya ganando
en mayores niveles de conciencia y en creación de movimientos
alternativos para hacer posible y viable el derecho a disfrutar de un
ambiente sano. Sin duda el paso dado por los gobiernos revolucionarios
de Ecuador y Bolivia quienes consagran los derechos de la naturaleza
como fundamentales y esta es una dirección en la que debemos caminar en
el mundo sacudiéndonos de la mercantilización de la misma que es la
visión que se pretende imponer de manera hegemónica por el capitalismo.
_Balance desfavorable_

Vale la pena hacer una breve radiografía, aunque sea muy limitada de la
situación en Colombia, para a partir de allí atisbar soluciones posibles
y viables. Veamos. Colombia es considerada el segundo país en el mundo
con mayor biodiversidad después de Brasil. Preocupante que estemos
perdiendo esta condición por varios factores, uno de ellos es la poca
valoración que desde la élite gobernante se hace de los ecosistemas
frágiles y estratégicos en su cualidad de ser fuentes de vida necesarios
para preservar la existencia; ello ha conllevado a una acelerada
deforestación, también a un uso inadecuado del territorio y una política
económica que afecta de manera dramática el medio ambiente.

Ligado a estos elementos, tanto en Colombia como en todo el mundo, la
gestión ambiental ha quedado prácticamente en las manos privadas y las
entidades reguladoras estatales de las políticas ambientales están
sometidas y carcomidas por la corrupción, viabilizan la entrega y el
saqueo a la biodiversidad convertida en un negocio entregada a las
grandes transnacionales. Es una nación despojada.

Las cifras oficialmente divulgadas son un reflejo de ello. En el mes de
agosto del 2012 se conoció a través de los medios que en Colombia en dos
años (2011 y 2012) se habían destruido 295.892 hectáreas de bosque
natural. Pero la cosa es de más gravedad. Entre los años 1990 y 2010,
veinte años, han sido deforestada 6 millones 206 mil hectáreas. Esto ha
llevado a que sea Colombia uno de los países que más contribuye a la
pérdida de cobertura natural vegetal en el mundo.

No estamos ante un problema cualquiera, este es de muchas dimensiones.
Según el Índice de Desempeño Ambiental, medido por las Universidades de
Yale y de Columbia, Colombia retrocedió 76 lugares durante los últimos
8 años, pasando del puesto 9 al puesto 85.
_Establecer límites ambientales_

Las ciudades y la acelerada urbanización que vive el país también tienen
una alta cuota de responsabilidad en la crisis ambiental. Hoy el mayor
porcentaje de habitantes de Colombia vive en los territorios urbanos,
donde se están sintiendo los rigores de la crisis con sus cambios
climáticos. Manglares y bellos humedales, ríos y distintos cuerpos de
agua son devastados para construcción de viviendas, apertura de nuevas
vías de doble calzadas e infraestructura de todo tipo y otros usos. El
suministro de agua se agota y se hace cada día más difícil y deficitario
su servicio hacia las grandes metrópolis, cada día son más frecuentes
las virosis y muertes por contaminación ambiental, la propagación de
enfermedades infectocontagiosas, etc. No hay duda que la calidad del
aire y de la vida en las ciudades ha disminuido al mismo tiempo que se
disminuye la arborización en las ciudades y son convertidos los
territorios en selvas de cementos.

Las catástrofes ambientales las padecemos todas las personas sin embargo
quienes son más brutalmente golpeados son las franjas pobres y
vulnerables de las ciudades. Los desplomes de viviendas fruto de los
negocios de las inmobiliarias privadas que prefieren la estafa a la
calidad son el pan de cada día; aumentan los cinturones de viviendas
construidas en zonas de riesgo por la población desplazada y migrante;
los taponamientos de los drenajes, la contaminación de las ciénagas y
lagunas, las muertes por emisiones de CO2 puesto que se privilegia el
transporte individual al público y colectivo, y otras van tragedias que
van llenando las ciudades de muertes.

Es evidente la contradicción, cada vez más aguda, entre la protección de
ecosistemas y los embates de las políticas urbanizadoras. El capitalismo
cree en el crecimiento ilimitado de las ciudades y de la producción
cuando los bienes naturales son de carácter limitado, lo que obliga a la
implementación de unas políticas públicas que frenen la destrucción, se
impongan unos límites éticos y unas protecciones drásticas.

Una primera acción importante de un movimiento social urbano sería la
reivindicación de establecer los mínimos vitales de la vida para
garantizar la existencia de todos los seres vivos. En este techo muy
amplio es clave la adopción de los derechos de la naturaleza en nuestra
constitución que es la vez la lucha por un Mínimo vital ambiental en
donde el país adopte una política pública que proteja efectivamente a
las fuentes de agua, a los humedales, a los manglares, la las ciénagas y
demás cuerpos de aguas, además de proteger a la biodiversidad que
tenemos. Esta política pública nos debe dotar de unas instituciones cuyo
pilar sea Actuar para el bien de la nación y no el enriquecimiento
ilícito de una minoría que feria la biodiversidad.

Este vital ambiental para la vida debe ser construido en una decidida
acción ciudadana y popular partiendo de hacer un balance ambiental en el
país, de los impactos producidos por las políticas económicas y
determinar con claridad que es lo que debemos reconstruir adoptando
planes de reforestación y recuperación de ecosistemas en la
impostergable tarea de hacer justicia ambiental. Esto lleva
necesariamente a adoptar una política de ordenamiento territorial
distinta, basada en la vida y la armonía entre los seres humanos y la
naturaleza, creando regiones y territorios urbanos sostenibles.
_Hacer sostenible la vida es el reto_

Una efectiva política de superación de las problemáticas urbanas no
puede dejar a un lado la necesidad de determinar políticas para la
sostenibilidad ambiental, elemento central para una vida digna que haga
posible la existencia humana y de los seres vivos, de la que se habla
mucho hoy y hace parte de los objetivos del milenio.

Esto nos lleva a cuestionarnos el modelo de consumo, la producción
chatarra, generalizar la producción de calidad, liberarnos de la
obsolescencia programada que vuelve inútiles productos y tecnologías
llevados por la acumulación de ganancias sin fin, retomar la dimensión
del valor de uso y sacudirnos de la lógica capitalista de actuar en
función de la maximización de las ganancias y del mito del crecimiento
económico como fundamento de la economía, puesto que la carrera loca por
el crecimiento lleva a sustentar una actitud agresiva e irracional en la
relación con los recursos limitados del planeta. Por ello, es vital
cambiar la percepción sobre el ambiente visualizando que son
ecosistemas que permiten cultivar, mantener y reproducir la vida. Y que
la economía debe guiarse por una máxima: la ética de la vida para la vida.

Sin duda necesitamos fortalecer y ampliar un poderoso movimiento urbano
ciudadano mundial del cual haremos parte indisoluble, potenciando y
articulando un movimiento urbano ciudadano colombiano para aportar
alternativas. Hay ciudades que han logrado imponer otras pautas de
transporte menos contaminante como el uso generalizado de la bicicleta
antecedidos de una potente movilización ciudadana.
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