Revista de Pangea

"La Revista de Pangea és un recull de notícies de diferents butlletins"

[Colombia] ELN Revista Insurreción Nro. 435

/– Revista Insurrección //N° 435 –/_//_
_/Julio 2014/_
_*INDICE:*_

*Del Discurso a la Construcción de la Paz Revista Insurrección *

*Doctrina Militar y Fuerzas Armadas (Mensaje número 3 a las Fuerzas
Armadas)Comandante Nicolás Rodríguez Bautista *

*Otra Comisión de la VerdadComandante Pablo Beltrán*

*Las Vías para Ir Más Allá del Neoliberalismo **Luis Carlos Guerrero
Ortega *
*La Alternativa Neodesarrollista en América Latina Abel T. *

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servidor.)—————————————————————————————-
_*Del Discurso a la Construcción de la Paz*__*
*_*
_Revista Insurrección _*
*
En deuda con los electores que votaron por la paz, quedó el presidente
Santos, en el discurso de instalación del nuevo Congreso de la
República, el pasado 20 de julio. Se dedicó a defender su primer mandato
y a reiterar posturas contradictorias sobre la paz, sin presentar los
proyectos concretos, para construir la paz con equidad y justicia social.

Santos iniciando su campaña electoral, centró su oferta de Paz total,
diciendo que “es mucho más que silenciar los fusiles” y precisó que “la
paz total es erradicar la miseria en los próximos diez años, ser el país
más educado de América Latina en el 2025, abolir el déficit de vivienda
y que los pobres tengan techo propio, y convertir el campo en polo de
desarrollo”.

Después de perder la primera vuelta de las elecciones, Santos ganó la
presidencia con el apoyo de importantes sectores sociales, de izquierda
y democráticos que se manifestaron por la paz y contra el guerrerismo
del ex presidente Uribe y sus seguidores. Así, el segundo gobierno de
Santos debe cumplir este mandato para construir la paz.

El presidente para congraciarse con Uribe, reiteró que “la paz que
buscamos es, en esencia, la misma” y para ello alardeó con la cantidad
de mandos guerrilleros que han matado y con el plan de incremento de
tropas. Con lo que demuestra que la Paz total la siguen midiendo con
“charcos de sangre” y con el aumento de soldados y policías, que es la
misma política que ejecutó, cuando era Ministro de guerra de Uribe.

Si “la paz es el valor supremo de toda sociedad y en su construcción
cabemos todos”, no se ve aún un proyecto de ley que la convierta en
política de Estado, para que deje de ser una retórica electoral, que
cada mandatario cambia a su amaño.

Los proyectos de ley que si aparecieron fueron los dedicados a
profundizar el modelo neoliberal de despojo de Bienes comunes, que
incluye baldíos y la Altillanura, y los que van a seguir privatizando
Empresas estatales productivas y servicios públicos fundamentales; todo
en beneficio del capital, especialmente el transnacional.

La anunciada reforma política se quedó en ajustes como el de eliminar el
voto preferente, mantener el sistema excluyente de representación y
participación política, y la exclusividad de las listas cerradas.
Alargar la duración del gobierno es una medida que favorece a los
barones electorales y a sus clientelas, parásitos de las
administraciones públicas.

El régimen ratifica que la paz consiste en acabar con el conflicto
armado y mediante la desmovilización de las guerrillas, pasar al post
conflicto, para optimizar “la prosperidad para el capital”. Con lo que
siguen desconociendo que el conflicto armado es producto del conflicto
económico, político y social.

Los conflictos son parte inherente de la vida de las sociedades, mucho
más en Colombia, en donde tenemos diversidad de pueblos, culturas,
regiones y clases sociales. Los cambios que se necesitan deben
configurar una nueva relación entre el Estado y la sociedad, donde los
conflictos se resuelvan en forma política, sin necesidad del uso
represivo de la violencia y para alcanzar esto, se requieren cambios
estructurales. Porque la oligarquía se ha acostumbrado a desconocer el
conflicto social y la oposición política, y siempre les ha dado un
tratamiento militar para eliminarlas.

La paz no es la ausencia de conflictos, sino el tratamiento político de
ellos. Por esto nunca existirá un post conflicto.

Está por verse si el 7 de agosto, en el discurso de posesión para el
segundo mandato, Juan Manuel Santos le presenta a Colombia y al mundo,
cómo es que piensa construir la paz.

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_*
Doctrina Militar y Fuerzas Armadas (Mensaje número 3 a las Fuerzas Armadas)
*_
_*Comandante Nicolás Rodríguez Bautista

*_
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En este tercer mensaje dirigido a todos Ustedes, haré mención a la
doctrina militar puesto que si Colombia está iniciando un camino para la
paz, el tema de la doctrina militar, requiere indispensable discusión y
tratamiento, toda vez que hoy tanto dicha doctrina, como la esencia de
las Fuerzas Armadas están inspiradas y organizadas para la guerra.
Lo anterior lo ven muchos analistas nacionales e internacionales, que
sienten la urgencia de una Colombia en Paz, como la vemos la insurgencia.
Sin duda, la doctrina militar con la que nació el ejército colombiano,
es orgullo para sus ciudadanos, porque era bolivariana, patriótica e
internacionalista.
Así lo registra la historia. Fue brillante la gesta libertadora y sus
batallas que concluyeron en la derrota del imperio español en la Batalla
del Puente de Boyacá, dejando gloria, reconocimiento y admiración para
nuestros soldados patriotas; esta herencia, señores y señoras es
patrimonio de todos los colombianos.
Sin embargo y justo luego de esas gloriosas batallas dirigidas por
nuestro Libertador, éste dejó para las futuras generaciones una
premonitoria frase, que es necesario retomar por su profundidad y vigencia:
“Los Estados Unidos de Norteamérica parecen destinados por la
providencia, para plagar de hambre y miseria a la humanidad en nombre de
la libertad”.
Poco tiempo después, Bolívar moriría traicionado y solo, en la histórica
ciudad de Santa Marta.
Estamos obligados, señoras y señores, a estudiar lo que ocurrió después,
para aprender de nuestra historia y que ello nos permita puntos de
unión, lecturas comunes como sociedad y como pueblo, al que pertenecemos
los soldados guerrilleros y los soldados del ejército gubernamental.
Los hombres y mujeres agrupados en el ELN, valoramos, junto con muchos
otros colombianos y colombianas, que es indispensable, encontrar en los
capítulos de nuestra historia, cómo fue el tránsito de la doctrina
bolivariana, hasta la actual doctrina militar colombiana, que terminó
colocando en orillas opuestas y en enfrentamiento fratricida al pueblo
colombiano, en los casi últimos 200 años.
El que una potencia extranjera como Estados Unidos, incida de forma
determinante, sobre el curso del enfrentamiento interno entre los
colombianos, requiere de urgente revisión.
Estar abiertos a estos análisis, es indispensable hoy, cuando el
gobierno y la insurgencia adelantan diálogos de paz, que es otro camino
diferente al de la guerra, que lleva más de medio siglo de manera
ininterrumpida.
El concepto de “enemigo interno” que justifica la acción violenta de
parte de las Fuerzas Armadas colombianas contra los luchadores
populares, debe examinarse a profundidad.
Los más altos valores que debemos encarnar todos los colombianos,
incluidas por su puesto las Fuerzas Armadas, es la defensa de la patria,
los encontramos en la historia misma de Colombia, por lo que es
necesario evaluar por qué los oficiales del Ejército se forman en la
Escuela de las Américas, bajo la instrucción de militares
estadounidenses y que sea esa potencia imperialista la que rija los
destinos de Colombia, en materia política económica y militar.
Finalmente el que en este conflicto interno de más de 60 años de
duración, se estén enfrentando hijos e hijas del mismo pueblo, regando
con su sangre el suelo patrio, debe ser motivo de reflexión por parte de
las Fuerzas Armadas del Estado y la Insurgencia.

Sin duda un riguroso análisis de lo anterior, llevará al replanteamiento
de la doctrina militar.
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*_
Otra Comisión de la Verdad_*
_*
Comandante Pablo Beltrán*_
*

_
_Hace 100 años se desató la Gran guerra imperialista, conocida también
como la Primera guerra mundial. Cuando las tropas alemanas invadieron a
los Países Bajos, los francotiradores belgas causaron numerosas bajas a
los invasores y estos en retaliación impartieron la orden de matar a 10
civiles, por cada soldado alemán que cayera muerto.

Fue una desgraciada y premonitoria decisión que marcó un cambio de época
en las guerras, pues hasta entonces, en promedio por cada 10 militares
muertos en conflicto bélico, apenas moría un civil. Hoy, iniciando el
siglo XXI, la proporción se invirtió trágicamente, de tal forma que por
cada soldado que muere en guerra, la cantidad de civiles que pierden la
vida se multiplica en forma exorbitante.

La conclusión es muy terrible y por ello hay que enunciarla con nitidez:
es la elite dominante la planificadora estratégica de la guerra, quien
determina las acciones bélicas, por lo que es la principal responsable
de sus consecuencias fundamentales y colaterales, deseadas e imprevistas.

En este principio de asumir responsabilidad por las acciones propias, se
construye la ética que guía a una sociedad humana. ¿No le enseñamos al
niño, que no haga a otro, lo que no desee que le hagan a él?

Pese a estar tan claro como el agua, a este principio de la
responsabilidad le han caído encima hasta casi aplastarlo, innumerables
argucias destinadas a evaporarlo.

Cuando el diseño de las Comisiones de la verdad apunta a confundir y no
a esclarecer, éstas terminan convirtiéndose en la vía rápida para eludir
las responsabilidades, que debe asumir cada Parte de un conflicto.

Ahora bien, las modalidades para confundir son tan antiguas, como hacer
la guerra, que es el oficio más antiguo de la humanidad (no, el que se
dice). Entre las más conocidas, está la estratagema de culpar de la
pobreza a los pobres, tachar de violentos a quienes sufren la violencia
y presentar a las víctimas como victimarios.

Hace un año el Centro de memoria histórica presentó su informe sobre el
conflicto colombiano, entre 1958 y 2012, que es un buen aporte para
acercarnos a la verdad de la tragedia nacional sufrida en esos 44 años;
pero la visión con que fue hecho termina convirtiéndolo en un mar de
confusiones, que no guía hacia la comprensión cabal de los resortes
internos del conflicto. No debe olvidarse que mal que no se comprende,
se perpetúa.

En este informe el enredo se arma alrededor de caracterizar varios
“actores del conflicto”, con lo que diluyen el concepto universal de
Partes; que para el caso colombiano, una Parte son las clases dominantes
y el imperialismo, mientras la otra somos el pueblo y sus
organizaciones. Por esta misma ruta aparece una división entre
victimarios y víctimas, buenos y malos, como fantasmas que van saltando
en cada momento de una orilla a la otra.

La semana pasada, el presidente Santos inauguró con discurso otra
Comisión de la verdad, habrá que ver cuál va a ser su aporte a la
comprensión de las verdades, que se hallan entrelazadas en el entramado
del conflicto interno.

Soy moderadamente optimista de sus resultados, porque no esclarecerá
muchas verdades, si aplica la visión de Jaramillo, el Comisionado de paz
del gobierno, quien afirma que con sólo reconocer a las víctimas es
suficiente.

Dudo que se vaya a proceder con el más llano sentido común, que aconseja
primero reconocerse como victimario, para enseguida poder reconocer a la
víctima. Sin este doble reconocimiento, no habrá piso para los derechos
ni para la dignificación de las víctimas.

Lo que es peor, si es que buscamos la reconciliación fundada en el
perdón sin olvido… si no sintetizamos verdades comunes, entonces ¿qué
vamos a recordar? ¿Qué estuvo mal hecho? ¿De qué nos arrepentimos? ¿Qué
no vamos a repetir? ¿Qué debo reparar? ¿Qué voy a perdonar a la otra
Parte? ¿Qué me van a perdonar a mí?.
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_*
Las Vías para Ir Más Allá del Neoliberalismo
*__*
Luis Carlos Guerrero Ortega*_
*
Hace años viene en curso una profunda disputa ideológica en la sociedad
colombiana, sobre el proyecto de nación y de país. Igual acontece en
América Latina en donde las revoluciones bolivarianas, ecuatoriana y
boliviana, para sólo mencionar algunas de un amalgamado mapa de
gobernabilidad alternativas, rompen la hegemonía norteamericana en el
continente y abren un paraguas de posibilidades revolucionarias,
colocando de nuevo como referente de justicia social la urgente
necesidad de cambios estructurales tantas veces aplazadas.

En un tiempo no lejano el mundo vivió al deseo del capitalismo de
imponernos a los pueblos “el fin de la historia”, imaginario que se
quiso posicionar surgió a raíz de la crisis del socialismo de finales
del siglo pasado. El anuncio del fin de las ideologías y el predominio
absoluto del capitalismo fue roto abruptamente, entre otros, por la
presencia insurgente del movimiento zapatista mexicano, los
levantamientos urbanos de Los Ángeles en 1992 que le recordó al imperio
que hay ciudades rebeldes, también la persistencia del movimiento
guerrillero colombiano encabezado por la Coordinadora Guerrillera Simón
Bolívar.
_La pócima es una mezcla retardante_

No es novedoso, que ahora se intente posicionar el discurso de la
tercera vía, que pide “tanto mercado como sea posible y tanto Estado
como sea necesario”. Este discurso busca neutralizar la tendencia
democratizadora que lucha por estabilizarse en nuestra América y hace
parte, de la contraofensiva imperialista que ha arreciado, desde la
desaparición física del Comandante Hugo Chávez. A pesar que arrope con
el pacifismo (teoría del golpe blando), la tercera vía no escatima
ningún esfuerzo, para desestabilizar violentamente los procesos de
cambio e independencia, que viven los pueblos del continente.

Cuál lucha no violenta. En el caso de Venezuela la derecha dice asumir
la tercera vía y aplica la teoría del golpe blando, con un accionar
violento y armado. Es toda una mixtura ideológica, que manipula la
conciencia de la gente a partir de pregonar, por un lado que su objetivo
es profundizar el cambio social iniciado con el chavismo y se
autoproclaman ser herederos de Bolívar; cuando en realidad persiguen
desestabilizar y derrocar el proceso de cambio y revolución.

Tercera vía es una política que no se atreve a postular con claridad sus
objetivos neoliberales e imperialistas, a la que hay que obligar
mediante el debate político y a que se vista como es. Esta vía es una
cara de la moneda, la otra cara es la guerra imperialista, que siguen
usando contra el continente y sus pueblos.

El imperialismo y junto a ello una remozada elite de las oligarquías del
continente, saben que tiene que afectar la acumulación de soberanía y
Buen Vivir que viene germinando en el continente. Los pregoneros de la
tercera vía desean impedir que Colombia se conecte a esta tendencia,
propósito que desarrollan en medio de contradicciones al interior del
bloque dominante en Colombia.
_No comer cuento ni tragar entero_

La tercera vía dice oponerse a la revolución y a la ultraderecha o sea
ni la izquierda ni Uribe. En la izquierda debemos comprender, que la
iniciativa política de J. M. Santos tiende a copar al movimiento social
y político influido por la izquierda, para direccionarlo hacia una
alianza favorable a la elite gobernante. Reto que amerita intensificar
el debate político y la lucha ideológica.

Amerita mantener la autonomía de la izquierda, sin negarnos a actuar
juntando fuerzas para enfrentar a la ultraderecha, fortaleciendo una
política de construcción de un bloque alternativo. En determinadas
coyunturas habrá identidades puntuales entre la izquierda y un sector de
la oligarquía, tal como sucedió recientemente en la coyuntura electoral
con el tema de la paz.

El renacer de los movimientos sociales y de la izquierda política -para
referirnos a la reagrupación de las organizaciones políticas de
izquierda- está denotando un avance de la lucha surgida, desde las
resistencias al neoliberalismo. Por su parte, la insurgencia guerrillera
como actor político, actúa en la dirección de hacer posible un proyecto
de nueva nación, el mismo que inspira al resto del movimiento popular
colombiano. Y el esfuerzo desde la derecha es aislar este componente
dinámico de la resistencia y emancipación, lo que no niega que se
expresen críticas al accionar insurgente, cuando sea necesario.

Desde la izquierda tenemos que propiciar un debate político sobre los
intentos de la oligarquía por ilegitimar la lucha revolucionaria, como
un camino posible y necesario para cambiar al país y animar a que la
sociedad transite hacia un momento de mayor democratización y soberanía.
Partiendo de posicionar los conceptos básicos sobre democracia, Estado,
nación, sociedad y de qué tipo de mercado es el necesario.
_Llamar las cosas por su nombre_

“Tanto mercado como sea posible”, es un coladero por donde se mete la
política neoliberal para aupar las privatizaciones. La venta de la
generadora estatal de electricidad (Isagen) va en contravía de los
procesos democratizadores y revolucionarios de América Latina, que
vienen recuperando lo público y los Bienes comunes para la sociedad, los
que fueron antes entregados a las empresas multinacionales y a los
grandes capitalistas locales.

“Tanto Estado como sea necesario”, equivale a reducir el papel estatal
en el control de los agentes económicos y financieros y seguir
posicionando al país como baluarte geopolítico del imperialismo. ¿Qué
lógica tiene vender un activo productivo estatal, que puede soportar una
política de bienestar nacional, para invertir el dinero de su venta
-unos tres mil millones de dólares- en la ejecución de un plan de
carreteras, que cuesta 25 mil millones de dólares? Es la irracionalidad
de “matar la gallina de los huevos de oro”, que acaba un bien
productivo, para impulsar una supuesta competitividad, que arruina lo
que queda de la producción nacional.

“Tanto Estado como sea necesario” no es sinónimo de cumplir el papel
social del Estado, para hacer posible la universalización con gratuidad
de los derechos económicos, sociales, ambientales y culturales de la
sociedad colombiana, ni de que se constituya un Estado plurinacional y
pluricultural. Pues se requiere no sólo un Estado social de derecho,
sino una creciente participación de la sociedad y el pueblo en la
dirección del Estado.
_Circunvalar que retorna al origen_

Por tanto la tercera vía, avanza contraria a la dirección en que lo
hacen los movimientos sociales y políticos, para concretar su
protagonismo en la democracia, en la construcción y ejecución de las
políticas públicas, que orienten la gestión de los Bienes comunes de la
sociedad.

Cuál transformación propone la tercera vía, cuando se niega en los
diálogos con la insurgencia a propiciar un debate nacional sobre el
modelo económico, la naturaleza del régimen político y de las Fuerzas
Armadas, cuando existen gran cantidad de razones que lo ameritan, como
la crisis social y la crisis de legitimidad del sistema.

El camino eficaz para los cambios está en empoderar al pueblo, para que
lidere la democratización de Colombia. La lucha social, la construcción
del movimiento por la paz, los debates en el parlamento y el proceso de
Solución política del conflicto son partes integrantes de este mismo camino.
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La Alternativa Neodesarrollista en América Latina
*_*_
_*_*Abel T.*_
*

“Es un riesgo para la coyuntura interna de Colombia, sobre todo para la
etapa que se viene, mantener una única lectura de los proyectos
alternativos continentales, sin diferenciar los procesos nacionales
radicales, por llamar de alguna manera a Venezuela, Ecuador y Bolivia, y
los procesos neo desarrollistas, entre los que se encuentran el Brasil
del PT, Uruguay de Mujica o la Argentina de los Kirchner.

A partir del enfrentamiento entre Santos y Uribe, y la forma que éste
tomó en la última coyuntura electoral, hay sectores de la izquierda
colombiana, que caracterizan un “corrimiento al centro” del actual
gobierno y ven eso como favorable, para algún tipo de confluencia con la
izquierda al estilo de la Concertación chilena o del Frente Amplio
uruguayo, como expresa claramente una nota en lasillavacia.com.

Es importante diferenciar proyectos realmente alternativos, es decir,
que buscan de alguna manera superar o escapar a la lógica de acumulación
capitalista, como Venezuela, Ecuador y Bolivia, de proyectos que pueden
tener alguna posición digna en el discurso y gestos internacionales
respecto a independencia del imperialismo, pero que en sus políticas
internas no han hecho otra cosa que reforzar alianzas con expresiones
del imperialismo, como son las multinacionales que arrasan nuestros
territorios en base al extractivismo, lo demuestran en Argentina con la
Barrick Gold y la entrega de la cordillera a la mega minería, Brasil con
los grandes negociados con multinacionales de la soya y el sector
financiero.

El extractivismo en Nuestra América no es patrimonio sólo de quienes
mantienen doctrinas neoliberales, como Colombia, México y Perú, sino
también del bloque neo desarrollista, que ha sabido mostrar contrapuntos
discursivos y simbólicos con el imperialismo en el plano de la política
regional, pero ha sido un gran favorecedor del extractivismo, base de
sus crecimientos macroeconómicos, como el Uruguay de las papeleras que
devastan bosques, el corrimiento de la frontera agropecuaria en
Argentina que desplaza campesinos pobres en beneficio del monocultivo de
soya, etc.

Si una parte de la izquierda colombiana puede pensar que Santos sea un
aliado para una hipotética concertación de centroizquierda, no es sólo
por la bandera de paz: la hipotética negociación con Clara López para la
alcaldía de Bogotá no debe descartarse, después de la comprobada
negociación con Petro antes de las elecciones. Esta lectura puede
basarse en una valoración acrítica de procesos regionales como los
mencionados: Uruguay, Brasil o Chile.

El sector de las clases dominantes que expresa Santos no vería mal que
se lo “confunda” de esa forma, si con eso logra “domesticar” a la
izquierda y contenerla con concesiones menores, mientras fortalece la
ofensiva extractivista de la mano de las multinacionales en el país. No
es casual entonces las visitas de Tony Blair y la reinstalación
discursiva de la Tercera vía, que ya va formando en los voceros y
comunicólogos del sistema sus legitimadores. A propósito hay que ver la
nota del 5 de julio en El Tiempo del columnista Guillermo Perry,
“Tercera Vía y posconflicto”.
Si una opción es que la oposición política y las organizaciones sociales
en Colombia puedan articularse a las fuerzas alternativas del continente
y mejorar la correlación de fuerzas, toca afinar la lectura sobre cuáles
pueden ser consideradas fuerzas alternativas, para definir acertadamente
alianzas y modelos a considerar.

La geopolítica y las relaciones políticas con Estados que puedan
resultar amigables y las fuerzas que los conducen (PT en Brasil, FA en
Uruguay, incluso PSUV en Venezuela) serán necesarias, pero tanto o más
imprescindible para leer con precisión, qué saldo están dejando esos
gobiernos a los procesos populares en sus países, será vincularse
activamente con las fuerzas políticas y movimientos sociales que, más
allá o más acá de los gobiernos, leen la realidad regional sin dejar de
lado el objetivo estratégico de la construcción de Poder Popular en
sentido radical.

A nosotros siempre nos cuesta, las clases dominantes en cambio son más
ágiles y saben que, si no es la guerra el modelo a seguir ya en
Colombia, hay alternativas más “blandas” de dominación y de garantía a
los intereses de las multinacionales, que pueden dar resultados de
cooptación y división de las fuerzas populares y revolucionarias
disputando consenso y arrebatando banderas, aun siendo esas concesiones
a las que no están acostumbrados, pero a las que se acostumbrarán con
fluidez si leen, cómo en otros países de la región fue el neo
desarrollismo populista y no el neoliberalismo de guerra la mejor
táctica, para profundizar el saqueo en este momento histórico de
nuestros pueblos.
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