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[polomoir] Enseñanzas de la escandalosa alza del dólar

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Enseñanzas de la escandalosa alza
del dólar

 

Jorge Enrique Robledo,
Bogotá, agosto 28 de 2015

 

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El dólar a 3.200 pesos les significa un duro golpe
a la economía nacional y pobreza a los colombianos. Porque no da lo mismo pagar
50 mil millones de dólares de importaciones y 106 mil millones de deuda externa
(2015) a ese precio que a 1.800. Y no resiste análisis decir que una
devaluación fuera de madre –entre las mayores del mundo– disparará las
exportaciones y compensará sus efectos negativos, aunque pueda ocasionar
favorecimientos puntuales. De acuerdo con Eduardo Sarmiento Palacio –quien en
este debate ha derrotado a los economistas neoliberales– los mayores costos de
las importaciones de materias primas y equipos impedirán el supuesto gran
aumento de las exportaciones. Además, se sabe de la escasa oferta exportable
del país, por la debacle del agro y la industria, y que los mercados externos
los controlan fuertes competidores de otros países, que también están
devaluando. A estas dificultades súmesele la gravísima situación de la economía
mundial.

 

 

La retórica optimista del gobierno sobre esta
devaluación brutal no constituye una mentira piadosa sino una abierta falsificación
de la realidad, que tiene entre sus propósitos ocultar sus culpas en lo que
ocurre y encubrir que sus concepciones neoliberales lo llevarán a descargar el
problema sobre los ciudadanos del común, mediante desempleo y pobreza, como
ocurrió en la crisis de 1999, que tuvo las mismas causas de esta.

 

 

Que el precio del dólar haya llegado a niveles
nunca vistos tiene como primera causa su escasez, lo que lo empuja hacia
arriba. Y esta se debe a que la economía colombiana no puede producir los
dólares que demandan las exigencias internacionales del modelo económico
imperante, es decir, el costo de las exageradas importaciones de bienes y
servicios, los pagos de un endeudamiento externo exacerbado y el despacho al
exterior de las cada vez mayores utilidades de los inversionistas extranjeros.
En la práctica, significa un nuevo fracaso del discurso neoliberal, según el
cual pueden destruirse el agro, la industria y los servicios, aplastándolos con
los productos extranjeros y dañando la capacidad de generar ahorro interno,
porque esa destrucción puede reemplazarse con ahorro externo, tanto por deuda
como por inversión, disparate estratégico que en la última década se ocultó
tras la cortina de humo de la bonanza de los precios del petróleo y la minería.

 

 

En efecto, el feroz ataque por el libre comercio al
aparato productivo del país –que también generó la crisis de 1999, la que le
reventó a Pastrana– se mantuvo en los gobiernos de Uribe y de Santos. Lo nuevo
fue que el hundimiento de la industria y el agro –agravado por la enfermedad
holandesa que la tecnocracia neoliberal negó por lustros– se ocultó tras la
bonanza petrolera y minera, que a su vez aumentó la inversión extranjera en ese
sector y sustentó el mayor gasto público, hechos a los que se sumaron unas bajísimas
tasas internacionales de interés, que también contribuyeron a crear una burbuja
de especulación inmobiliaria, todo lo cual –incluida la devaluación del peso–
estimuló el consumo y generó un cierto crecimiento, aunque mediocre, de la
economía. Y por supuesto le dieron sustento a la falacia de que la economía
crecía por el libre comercio, al que motejaron de confianza inversionista,
cuando en realidad lo hacía a pesar suyo, entre otras razones porque para poder
exportar minerales no se necesitan las fórmulas del Consenso de Washington ni
los TLC. En realidad, los graves daños se causaron a cambio de nada. Para
Colombia, por supuesto, porque gringos, demás extranjeros e intermediarios no
tienen queja. Y se cae de su peso que ningún mérito les cabe a esos gobiernos
por el llamado súper ciclo global de los precios de los commodities.

 

 

Si bien la caída del petróleo disparó el faltante de la cuenta corriente de
la balanza de pagos y precipitó la crisis, el lío venía desde antes. En 2014,
el déficit comercial de la industria llegó a 41.384 millones de dólares y el de
servicios a 6.638 millones. Aunque el agro no ha generado déficit, sus
importaciones sí han sido mayúsculas, y ello también cuenta. Y la deuda externa
y la inversión extranjera que sirvieron para sostener el modelo económico de
gastos exagerados en dólares terminaron minándolo: entre 2002 y 2014, las
utilidades exportadas por las trasnacionales sumaron 141.301 millones de
dólares, equivalentes a 115 por cada 100 invertidos, al tiempo que el servicio de
la deuda externa costó 131.215 millones, sobre un monto total que el año pasado
llegó a 101.000 millones. La crisis sería peor a no ser por las altas sumas
–4.093 millones de dólares en 2014– que los colombianos que trabajan en el
exterior les giran a sus familias, plata que tampoco genera la economía
colombiana y los neoliberales no mencionan.

 

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