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[polomoir] La peor decisión técnica de la historia de Bogotá

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La peor decisión técnica de la
historia de Bogotá

 

Jorge Enrique Robledo,
Bogotá, octubre 10 de 2015

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Las grandes ciudades son organismos complejísimos,
pues deben albergar a millones de personas y múltiples servicios y sistemas.
Sobre cómo organizarlas hay posiciones ideológicas y políticas, pero, se
supone, todos ellas deben fundamentarse en bases técnicas. Y seguramente sea la
movilidad el aspecto más difícil de lograr que opere bien, porque las personas
y los vehículos aumentan sin cesar, en tanto las vías no pueden hacerlo en
igual proporción. El Pico y Placa ilustra lo mal que se va al respecto, pues
esta “solución” resulta ser hasta cómica: “les queda prohibido usar el vehículo
que les costó una millonada”.

 

 

De ahí que todas las ciudades del mundo reglamenten
el rodamiento de los vehículos sobre las vías, controles que incluso son
anteriores a los automotores (Código del Tránsito de la Arriería en Manizales: http://bit.ly/1QlcBWP)
y que en ninguna se acepte la teoría absurda de que cada uno pueda hacer con su
vehículo lo que le dé la gana. Son las normas las que establecen el sentido de
las vías, la prelación en las esquinas, dónde estacionar, qué puede y qué no el
servicio público y el particular, las rutas de los buses, el costo de los
pasajes, en fin, todo, so pena de caer en el caos.

 

 

Como una necesidad de mover multitudes de pasajeros
aparecieron los metros, una solución tecnológica insustituible para ese fin.
Porque le crea otro piso a la ciudad y elimina las intersecciones a nivel. Su
capacidad de carga y velocidad no la puede alcanzar ningún otro medio y es
inigualable su rapidez de cargue y descargue de los pasajeros en las
estaciones. Claro que deben complementarlo ‘trasmilenios’, buses, taxis, carros
particulares, bicicletas y caminar, con cada uno jugando el papel que le
corresponde.

 

 

Aunque en Bogotá van décadas hablando del metro,
hoy es una de las cuatro ciudades de su tamaño en el mundo que no posee uno. Y
no lo posee porque, en 1999, a pesar de contar con la financiación del gobierno
nacional, al alcalde Peñalosa no se le antojó hacerlo y lo reemplazó por el
Trasmilenio, contraviniendo, además, los numerosos estudios que habían
demostrado que la primera línea del metro debía ser por la Avenida Caracas.
Peñalosa no solo cometió el profundo error de no construir el metro y de hacer
campaña en su contra, sino que se tiró la mejor ruta –la de la Caracas– para
construirlo, en la que constituye la peor decisión técnica de la historia de Bogotá,
porque le provocará un grave daño por décadas o para siempre a la movilidad de
la ciudad.

 

 

En otro país, la decisión de cambiar un metro por
buses y dejar la primera línea del metro sin su ruta natural habría tumbado al
alcalde. Pero como en Colombia estamos, a Peñalosa lo elevaron a la categoría
de genio y tampoco le cobraron las grandes pérdidas de las losas del
Trasmilenio ni que su director del IDU terminara en la cárcel. Tal
desproporción de los formadores neoliberales de opinión seguramente se explica
porque, eso sí, Peñalosa les dio un gran impulso a la Colombia de los
monopolios y las privatizaciones, pues con el Trasmilenio se cambiaron miles de
propietarios de buses por dieciséis familias, a las que les montaron un negocio
subsidiado que mueve 4.3 billones de pesos al año y da utilidades altísimas, al
tiempo que los pasajeros van como sardinas en lata y pagan uno de los pasajes
más caros de América Latina. No debe sorprender, por tanto, que la candidatura
de Peñalosa a la Alcaldía fuera avalada por Germán Vargas Lleras, quien quiere
avanzar en su objetivo de adquirir la Casa de Nariño, sumándole el presupuesto
distrital al nacional que ya controla (http://bit.ly/1FzGvkz).

 

 

Coletilla. El debate sobre cómo mejorar el servicio de taxis –mejoría que
comparto debe buscarse– no permite saltarse las complejidades técnicas. Unos
ejemplos. Si las carreras solo se pueden contratar y pagar con celulares de
alta gama con plan de datos y con tarjetas de crédito, muchísimos perderían el
derecho a usar un taxi (!!!). La competencia en extremo desleal de Uber X puede
arruinar a los taxis amarillos, y en el proceso se deteriorará en grado sumo la
calidad del servicio. Una vez Uber elimine a los taxis legales, ¿por qué no
aumentaría a lo que se le antoje el costo de las carreras y el cobro ya bien
alto que les hace a sus choferes? ¿Qué le pasaría a la movilidad de Bogotá si
por Uber le ingresan varias decenas de miles de carros más? Constituye un
absurdo pugnar por una buena movilidad y, a la par, defender que una
trasnacional pueda violar todas las normas sobre transporte que aconsejan la
técnica y las necesidades sociales e imponer la ley de la selva en las ciudades
colombianas. (Las muchas pruebas de la ilegalidad de Uber: http://bit.ly/1LDAxqM).

 

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