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[prensarobledo] ¿Manzanas podridas o corrupción sistémica?

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Apreciado lector.

Lo he incluido en mi lista de correos para tenerlo al tanto de mis
actividades como senador de la República.

En esta oportunidad le envío un artículo de mi autoría en el que cuestiono
si la corrupción es de algunas manzanas podridas o si es el sistema en
Colombia.

Si no desea recibir estos mensajes cordialmente le solicito hacérmelo saber
por este medio.

Atentamente.
Jorge Enrique Robledo

Senador
*ARTÍCULO QUINCENAL*

¿Manzanas podridas o corrupción sistémica?

​Por: Jorge Enrique Robledo

Colombia aparece en las estadísticas como uno de los países más corruptos
del mundo, deshonor que, como sabemos, tiene todo el asidero en la
realidad. Ahí están los inmensos escándalos de Reficar y Odebrecht, que
involucran a los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, tanto por
las fechas de las determinaciones como por los momentos en que se pagaron
los sobornos, más las acusaciones de financiación ilegal a los dos
candidatos presidenciales en 2014. Se sabe además que en la foto de la
campaña Santos 2010, lubricada con dineros ilegales y de trasnacional,
aparecen todos los dirigentes de todos los sectores de todos los partidos
tradicionales que han gobernado al país desde hace, por lo menos, medio
siglo. Y son incontables las corruptelas nacionales, departamentales y
municipales, con actores del sector público y el privado, nacionales y
extranjeros.

También se conoce que en las elecciones, en proporciones determinantes, no
se compite con análisis, ideas y propuestas sino con inmensas sumas de
dinero de todos los orígenes, con las que se arrea a votar a millones de
empobrecidos compatriotas; que una corrupción salida de madre como esta
hace inviable el progreso nacional; y que los colombianos, con razón hasta
la coronilla, exigen correctivos inmediatos.

Ante la pregunta de cómo salir de desvergüenzas tan dañinas, lo primero es
señalar que no hay solución a un problema si no se establecen sus causas y
si no se toman, a partir de ellas, los correctivos acertados. Por ello se
dice que no se va al médico a que nos diga dónde nos duele, lo que ya
sabemos, sino a que nos señale las causas del dolor y la manera de curarlo,
y que si se equivoca en el diagnóstico, fallará de seguro en el remedio.
Luego también hay que empezar por establecer los orígenes de la pavorosa
corrupción nacional, haciéndose la pregunta clave: ¿se trata de un problema
de manzanas podridas, aisladas entre sí, o de una corrupción sistémica,
general, en la que está conscientemente involucrada una porción
determinante de quienes, en la esfera pública y privada, mandan en Colombia?

De acuerdo con Fernando Cepeda Ulloa, más que corrupción, “lo que hay en
Colombia, es evidente, es crimen organizado para apropiarse de los recursos
del Estado o (…) en el sector empresarial o donde ustedes quieran (…)
Además se ha vuelto trasnacional, con connivencia nacional” (
http://bit.ly/2o0txuz). Una buena manera de expresar lo que ocurre y de que
no se trata, que es el punto clave a debatir, de manzanas podridas, para
seguir con la imagen.

¿Cómo fue que llegamos a esta desgracia? Como lo he citado en otras
ocasiones, según el ministro Alejandro Gaviria, desde el Frente Nacional,
los partidos tradicionales y las élites económicas acordaron darle un
determinado manejo a “la macroeconomía”, a sus negocios, y ganar las
elecciones mediante el “clientelismo”, es decir, con el uso “de una
fracción del presupuesto y la burocracia estatal, de auxilios
parlamentarios, partidas regionales y puestos” (http://bit.ly/2o0dOM0),
mecanismos que están en la base de la corrupción nacional. “El
clientelismo, detalla Hommes, puede verse como una forma deliberada de
extraer recursos para la élite y sus colaboradores” (http://bit.ly/2nlmGgY)
y Guillermo Perry ha narrado la evolución clientelista (
http://bit.ly/2o0v4AP). Y así se gobierna a Colombia, con el agravante de
que las determinaciones, además de corruptas, están diseñadas para que la
economía no prospere, en un juego en el que unos pocos divorcian sus
intereses personales de los de la Nación, a la que arruinan o empobrecen
con sus medidas, mientras ellos prosperan.

Entonces, a lo que asistimos hoy es al natural aumento de la descomposición
de un sistema político al que hace mucho tiempo le inyectaron la corrupción
en su ADN, y con el objetivo de poder gobernar de la peor manera y aun así
ganar elección tras elección, sistema en el que lo único en verdad nuevo
reside en que las corruptelas y el cinismo rompen récords mundiales y en
que crecen los excluidos de la francachela. Porque las políticas
neoliberales y su asalto a los recursos públicos, con su capitalismo
raquítico y de extrema desigualdad social que corona como reyes a las
trasnacionales, operan sobre esta perversidad.

Es obvio que con solo tomar medidas legales contra la corrupción, aunque
deban tomarse, no cambiará el tétrico rumbo del país, si lo mangonean los
cuarenta ladrones de Alí Babá. De ahí que la primera determinación para
enfrentar en serio este problema consiste en que los colombianos de todos
los orígenes nos unamos y derrotemos a todas y cada una de las fuerzas que
han gobernado al país, hundiéndolo en este desastre.
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¿Manzanas podridas o corrupción sistémica?

Bogotá, 24 de marzo de 2017.
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FontFuente: jorgerobledoprensa@gmail.com, via: prensarobledo-request@lists.riseup.net

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