Revista de Pangea

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Los ritmos de la naturaleza y el saqueo a los jubilados-

Queridos amigos:

Este mensaje debió haber salido hace varios días. Una falla en las
máquinas de la empresa que me provee este servicio fue la causa de la
demora.

CUANDO LA JUBILACIÓN ES UNA MALA NOTICIA

En Argentina acaba de aprobarse una reforma previsional, diseñada para
ahorrar dinero en el pago de las jubilaciones. Para justificarla,
dijeron que el Estado gastaría menos pero que los jubilados ganarían
más. Cuando la contradicción fue demasiado evidente, agregaron que no
había dinero porque los Gobiernos anteriores se habían robado todo.
Suponiendo que eso sea cierto, lo que correspondería era aumentar los
impuestos para compensar el dinero que faltaba.

Sin embargo, hicieron exactamente lo contrario: una reforma tributaria
para que el Estado cobre menos impuestos a las empresas y más a las
personas que trabajan. Como va a haber menos dinero, necesitan reducir
las jubilaciones.

La reforma se hace de este modo:

– Bajan impuesto a las ganancias y otros impuestos a las empresas.

– Reducen los aportes patronales a la seguridad social.

– Cobran impuesto a las ganancias a los trabajadores por las
indemnizaciones por despido.

– Se agrega un impuesto a la renta financiera, pero solamente para los
bonos en dólares que estén bajo legislación argentina. “De la norma
quedarían exceptuados los títulos públicos emitidos por el Estado
nacional bajo legislación extranjera”. Como los bonos del Estado
emitidos bajo legislación argentina van a pagar impuestos pero los que
se emitan bajo legislación extranjera no van a pagar nada, los
inversores van a elegir los bonos del Gobierno argentino que se emitan
bajo legislación norteamericana o de otros países.

Parece que una forma de “ingresar al mundo” es someter la política
financiera a las leyes de los centros financieros internacionales.
¿Alguien me puede recordar qué significaba la palabra “soberanía”, que
me olvidé?

Presten atención a las cifras: en la misma Cámara de Diputados y con
pocas horas de diferencia los mismos Diputados aprueban la reforma
previsional con 128 votos y la reforma tributaria con 147 votos. Sin
embargo, son dos caras de la misma moneda: en la reforma tributaria se
les bajan los impuestos a las empresas. Eso hace que el Estado tenga
menos dinero para pagar las jubilaciones. ¿Por qué esa diferencia de
votos ante lo mismo? Porque todo el mundo sabe que bajar las
jubilaciones es antipopular, pero hay menos gente que sabe que si se
quitan impuestos a las empresas habrá menos dinero para pagar a los
jubilados.

Ya había un par de aspectos anteriores para mencionar: se redujeron las
retenciones a las exportaciones mineras y las de soja y además se
autorizó a que los exportadores no liquidaran las divisas en el país, lo
que es una invitación a invertir en el exterior. Tal vez en los mismos
paraísos fiscales en los que el Presidente y varios de sus Ministros
tienen su dinero. No imagino a ningún inversor del mundo dispuesto a
poner dinero en un país cuyo Presidente y su gabinete tienen sus
fortunas en el exterior.

A esta altura es anecdótico decir que las empresas de juegos de azar
(como los bingos) no pagan impuestos, mientras que los alimentos de
primera necesidad sí lo hacen.
Este año la Argentina va a pagar 406.500 millones de pesos, lo que
significa casi 21.000 millones de dólares solamente de intereses. Como
somos unos 44 millones, este año vos (y cada persona que conocés,
incluyendo los bebés que van a nacer este año) vas a pagar más de 9 mil
pesos solamente de intereses a los bancos internacionales y sus
especuladores. ¿Cómo lo pagás? Con menores jubilaciones, sueldos que
aumenten por debajo de la inflación, menos servicios públicos, mayores
impuestos, mayores tarifazos, etc.

Por supuesto que el Gobierno anterior malversó fondos públicos. Pero
esto no tiene nada que ver con la corrupción de los anteriores sino con
la corrupción de los actuales. Si uno cree que las cuestiones de
economía no le interesan, es probable que usen ese desinterés para
engañarlo.

ESTO SE INVENTÓ CUANDO SE CREÓ LA GLOBALIZACIÓN

Lamentablemente, no se trata de un invento argentino. La escritora Naomí
Klein documentó innumerables situaciones en todo el mundo, en las que se
aprovechan situaciones de emergencia, inundaciones, terremotos,
episodios de violencia o ingenuidad electoral para imponer reformas
privatizadoras, que concentran la riqueza y perjudican a quienes tienen
menos. Estas reformas en todos los casos empeoran las situaciones que
dicen corregir.

El libro de Klein se llama “La doctrina del shock” y muestra una
estrategia coherente que se aplica en todo el mundo para empobrecer a
los pobres y enriquecer a los ricos. Más abajo tienen un artículo que lo
sintetiza y un enlace para bajar la obra completa en forma gratuita.

LOS RITMOS DE LA NATURALEZA DE LA QUE SOMOS PARTE

Ese conjunto de medidas suelen ir asociadas a una presión cultural para
olvidar nuestra pertenencia a la naturaleza. Los mismos sectores
económicos interesados en reducir salarios, jubilaciones y, en general,
eliminar derechos laborales, son los que lucran con la destrucción del
medio natural que nos sustenta. La misma economía que convirtió a los
ecosistemas en “recursos naturales”, transformó a las personas en
“recursos humanos”. Y trató a ambos como descartables.

Por eso mi insistencia en recordar los ritmos de la naturaleza, que
están en la base de todas las culturas humanas, menos las dominadas por
los grandes capitales. Lo hago cada cambio de estación, con una obra de
arte y un texto literario.

En esta entrega, ustedes reciben:

* Un fragmento de la novela “Los ríos profundos”, del gran
escritor peruano José María Arguedas. Es un recuerdo infantil. Él es un
niño que acompaña a su padre a principios del siglo XX a la ciudad de
Cuzco, mucho antes de que el turismo internacional empezara a quemarle
el alma. Allí ve por primera vez en su vida un muro incaico y siente que
esas piedras se mueven con una fuerza semejante a la de los profundos
torrentes del deshielo de verano que dan nombre a la obra.

* Un artículo académico en el que se comenta el mencionado libro
de Naomi Klein, para que no vuelvan a engañarnos con el argumento de que
lo mejor que se puede hacer es seguir enriqueciendo a los ricos.

* Los que tengan interés en el texto completo de Klein, pueden
bajar gratuitamente el libro de este enlace:
https://www.dropbox.com/s/b65gozdkqvs8h44/La%20doctrina%20del%20shock.pd
f?dl=0
<https://www.dropbox.com/s/b65gozdkqvs8h44/La%20doctrina%20del%20shock.p df?dl=0>

* La obra de arte que acompaña esta entrega es: “Regatta”, un óleo
del norteamericano Edward Cucuel, del año 1920. La concepción implícita
de la mujer refleja la etapa de decadencia de la llamada Belle Époque,
que se derrumbaría brutalmente con la crisis de la década de 1930 y el
ascenso de los fascismos.

* El recordatorio de mi libro “La Guerra contra el Planeta”,
publicado por la editorial Capital Intelectual y el contacto con el
editor para quienes tengan interés en el mismo.

Quiero saludarlos en el comienzo del verano. Y del invierno para los
amigos del Hemisferio Norte.

Un gran abrazo a todos.

Antonio Elio Brailovsky
_____
Cuando llegamos a las calles angostas, mi padre marchó detrás de mí y de
los cargadores que llevaban nuestro equipaje. Aparecieron los balcones
tallados, las portadas imponentes y armoniosas, la perspectiva de las
calles ondulantes, en la ladera de la montaña. Pero ¡ni un muro antiguo!

Esos balcones salientes, las portadas de piedra y los zaguanes tallados,
los grandes patios con arcos, los conocía. Los había visto bajo el sol
de Huamanga. Yo escudriñaba las calles buscando muros incaicos.

-¡Mira al frente! -me dijo mi padre-. Fue el palacio de un inca.

Cuando mi padre señaló el muro, me detuve. Era oscuro, áspero; atraía
con su faz recostada. La pared blanca del segundo piso empezaba en línea
recta sobre el muro.

Corrí a ver el muro. Formaba esquina. Avanzaba a lo largo de una calle
ancha y continuaba en otra angosta y más oscura, que olía a orines. Esa
angosta calle escalaba la ladera. Caminé frente al muro, piedra tras
piedra. Me alejaba unos pasos, lo contemplaba y volvía a acercarme.
Toqué las piedras con mis manos; seguí la línea ondulante, imprevisible,
como la de los ríos, en que se juntan los bloques deroca. En la oscura
calle, en el silencio, el muro parecía vivo; sobre la palma de mis manos
llameaba la juntura de las piedras que había tocado.

No pasó nadie por esa calle, durante largo rato. No perturbó su paso el
examen que hacía del muro, la corriente que entre él y yo iba
formándose. Mi padre me había hablado de su ciudad nativa, de los
palacios y templos, y de las plazas, durante los viajes que hicimos,
cruzando el Perú de los Andes, de oriente a occidente y de sur a norte.
Yo había crecido en esos viajes.

Eran más grandes y extrañas de cuanto había imaginado las piedras del
muro incaico; bullían bajo el segundo piso encalado, que por el lado de
la calle angosta, era ciego. Me acordé, entonces, de las canciones
quechuas que repiten una frase patética constante: “yawar mayu”, río de
sangre; “yawar unu”, agua sangrienta; “puk-tik’ yawar k’ocha”, lago de
sangre que hierve; “yawar wek’e”, lágrimas de sangre. ¿Acaso no podría
decirse “yawar rumi”, piedra de sangre, o “puk’tik yawar ru mi”, piedra
de sangre hirviente? Era estático el muro, pero hervía por todas sus
líneas y la superficie era cambiante, como la de los ríos en el verano,
que tienen una cima así, hacia el centro del caudal, que es la zona
temible, la más poderosa. Los indios llaman “yawar mayu” a esos ríos
turbios, porque muestran con el sol un brillo en movimiento, semejante
al de la sangre. También llaman “yawar mayu” al tiempo violento de las
danzas guerreras, al momento en que los bailarines luchan.

-¡Puk’tik, yawar rumi! -exclamé frente al muro, en voz alta.

Y como la calle seguía en silencio, repetí la frase varias veces.

Mi padre llegó en ese instante a la esquina. Oyó mi voz y avanzó por la
calle angosta. La construcción colonial, suspendida sobre la muralla,
tenía la apariencia de un segundo piso. Me había olvidado de ella. En la
calle angosta, la pared española, blanqueada, no parecía servir sino
para dar luz al muro.

-Papá -le dije-. Cada piedra habla. Esperemos un instante.

-No oiremos nada. No es que hablan. Estás confundido. Se trasladan a tu
mente y desde allí te inquietan.

-Cada piedra es diferente. No están cortadas. Se están moviendo.

Me tomó del brazo.

-Dan la impresión de moverse porque son desiguales, más que las piedras
de los campos. Es que los incas convertían en barro la piedra. Te lo
dije muchas veces.

-Papá, parece que caminan, que se revuelven, y están quietas.

Abracé a mi padre. Apoyándome en su pecho contemplé nuevamente el muro.
José María Arguedas: “Los ríos profundos”, 1958.
_____
Lange Valdés, C. (2010). La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo
del desastre. Revista INVI, 25(70).Como citar este artículo doi
10.4067/S0718-83582010000300007

Naomi Klein.
La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre
Paidós Ediciones, 2010, 701 pp. [Toronto: A. Knopf Ed., 2007]. ISBN
978-84-493-2345-4.

Comentario: Carlos Lange V.1

1 Chile. Licenciado en Antropología, Mg. en Desarrollo Urbano.
Doctorando en Ciencias Sociales y Comunicación, U. de Deusto. Académico
Instituto de la Vivienda, U. de Chile.

_____
¿Qué tienen en común experiencias tan traumáticas como la invasión y
posterior ocupación de Irak realizada por las tropas estadounidenses y
sus aliados desde principios del 2003, el devastador tsunami que azotó
las costas de Sri Lanka el año 2004 o la destrucción de Nueva Orleáns
por el Huracán Katrina en 2005?

En su libro La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre,
la periodista canadiense Naomi Klein postula que estas “traumáticas”
experiencias, así como también otras durante los últimos 30 años, han
sido aprovechadas para instaurar lo que ha denominado como el
“capitalismo del desastre”, una doctrina formada bajo los presupuestos
políticos, económicos y sociales desarrollados por el padre de la
Escuela de Chicago, Milton Friedman, y cuyo principal objetivo es
desmantelar los restos del Estado de Bienestar y promover a nivel global
el modelo de desarrollo neoliberal.

A juicio de la autora, para los seguidores de Friedman, caracterizados
por su marcado carácter neoconservador, las fuerzas económicas del
mercado como la oferta y la demanda, la inflación y el desempleo,
constituyen fuerzas naturales, fijas e inmutables, a las cuales es
necesario volver borrando todo rastro de intervención estatal que impida
la consecución del libre mercado, entendido como “utopía de los
emprendedores”. En este sentido, el “capitalismo del desastre” postula
que detrás de toda “tragedia” es posible ver una “oportunidad”, como es
la de aprovechar el trauma colectivo para promover e implementar
reformas económicas y sociales de carácter radical sustentadas en los
principios básicos del corporativismo como son la eliminación del rol
público del Estado, la absoluta libertad de movimientos de las empresas
privadas y un gasto social prácticamente nulo.

La implementación de este modelo debe su éxito a una estrategia política
denominada como “la doctrina del shock”, la cual orienta los procesos de
reconstrucción implementados como respuesta tanto a los efectos de
intervenciones militares como a desastres naturales de distinto tipo,
abriendo “apetitosas oportunidades de negocio” a los agentes, defensores
y promotores del “capitalismo del desastre”.

Más que un estudio estrictamente académico, el libro de Klein constituye
una documentada investigación periodística que recrea de manera
detallada el largo e intrincado itinerario de maduración y reproducción
del modelo propuesto por Friedman con posterioridad a la Gran Depresión
del año ’29, constituyéndose como una reacción crítica al éxito
alcanzado por las propuestas keynesianas en EEUU, las propuestas
socialdemócratas en Europa y las teorías desarrollistas en América
Latina. Derivado de lo anterior, el libro analiza también la
conformación de una clase política y empresarial formada bajo su ideario
y agrupada en torno a la Escuela de Chicago, desde donde ha desarrollado
una importante expansión hacia distintas regiones del mundo desde
mediados del siglo XX hasta hoy.

Junto con lo anterior, la autora da cuenta pormenorizada de la manera
como “la doctrina del shock” ha sido aplicada en distintos momentos
históricos y en distintas regiones del mundo, con el objeto de imponer
sus postulados de libre mercado. Dentro de dichas experiencias destaca,
por ejemplo, el decisivo papel jugado por el gobierno estadounidense y
la CIA en la desestabilización del gobierno socialista de Salvador
Allende y el activo papel que los “Chicago Boys” jugaron para convertir
a Chile en el laboratorio de su modelo político y económico, amparados
bajo el terror y la coerción impuestas por la dictadura militar de
Augusto Pinochet. Asimismo, la autora da cuenta también de las
experiencias de shock desarrolladas bajo los gobiernos de Margareth
Thatcher en el Reino Unido y de Ronald Reagan en el mismo EEUU durante
la década de los ’80s, de las transformaciones implementadas en Polonia,
Rusia y Sudáfrica durante la década de los ’90s, o la misma experiencia
desarrollada en Irak tras la invasión del año 2003, y que tan ventajosa
ha resultado en términos económicos para las empresas de servicios que
han logrado adjudicarse las concesiones contempladas bajo el proceso de
“reconstrucción” de dicho país.

No obstante su amplia y profusa distribución mundial desde su fecha de
publicación original hasta nuestros días, el libro de Klein no pierde
relevancia ni actualidad.

Por una parte, permite comprender el proceso histórico de formación de
una nueva clase dirigente, los denominados “neoconservadores”, y la
evolución de los postulados ideológicos que sustentan su conformación,
así como también sus estrategias de expansión e implementación en
distintas regiones del mundo.

Por otra, constituye una invitación para observar de manera atenta,
abierta y crítica los efectos de los planes y programas de
reconstrucción actualmente en ejecución en sociedades afectadas por
conflictos bélicos o desastres naturales, como son actualmente los casos
de Haití, Chile y China, afectados por sendos terremotos, o Pakistán,
India y Brasil, afectados por sendas inundaciones, entre otros. En el
caso de nuestro país adquiere incluso una relevancia particular
considerando su reconocimiento como laboratorio y “modelo exitoso” de
las propuestas de Friedman, la profundidad con que ellas han sido
implementadas por las élites políticas y económicas, y las
transformaciones sociales y culturales que han generado en la sociedad
chilena durante los últimos 30 años.

Por último, el libro de Klein constituye también un aporte interesante
para comprender las complejidades que atraviesan los procesos de
producción y construcción social del hábitat, principalmente aquellos
caracterizados por altos niveles de pobreza y vulnerabilidad que afectan
a su población y que son experimentados cotidianamente por sus
habitantes. Bajo el entendido que pobreza y vulnerabilidad no
constituyen realidades naturales, del trabajo de Klein se desprende la
importancia fundamental que los actores y agentes económicos juegan en
dicho proceso, de los postulados ideológicos que sustentan sus
propuestas y de las herramientas que utilizan para dichos fines,
enmarcándose fundamentalmente en políticas, programas y proyectos cuyos
alcances no son fácilmente identificables para el conjunto de la
población.

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