Revista de Pangea

"La Revista de Pangea és un recull de notícies de diferents butlletins"

La catástrofe de FUKUSHIMA analizada desde el punto de vista de la seguridad

Interesante y documentado
artículo de Nieves Sánchez Guitián,
presidenta del ASTECSN,
sobre las implicaciones en profundidad de las
causas de la catástrofe. El análisis mueve a
reflexiones que van más allá de la energía
nuclear.

REF: https://www.eldiario.es/tribunaabierta/catastrofe-Fukushima-anos-despues_6_748285201.html
La catástrofe de Fukushima 7 años despuésHan pasado 7 años desde la
catástrofe de Fukushima (11 de marzo de
2011), ese accidente que ocurrió lejos de
nuestro territorio y que era impensable
que pudiera ocurrir en un país como Japón.
Ellos mismos lo pensaban, y sin embargo,
ocurrió

Nieves
Sánchez Guitián

10/03/2018 –
21:06h
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Un estudio descarta por ahora vínculos entre la fuga de Fukushima y el cáncer tiroideoUna periodista mide los niveles de
radiación en una visita a la central de
Fukushima EFE


Han pasado 7 años desde la catástrofe de
Fukushima (11 de marzo de 2011), ese
accidente que ocurrió lejos de nuestro
territorio y que era impensable que
pudiera llegar a ocurrir en un país como
Japón. Ellos mismos pensaban que nunca
podría pasarles, y sin embargo, ocurrió.

Durante estos
años se han realizado múltiples análisis
sobre las causas que lo provocaron, y se
han realizado estudios liderados por el
Organismo Internacional para la Energía
Atómica (OIEA), y por otros organismos
multinacionales como la NEA (Agencia de la
OCDE para la energía nuclear), que han
revisado documentos y criterios para
incluir nuevas consideraciones respecto a
la seguridad nuclear. Existe abundante
documentación sobre las lecciones
aprendidas del accidente y se han
implantado algunos cambios significativos
en las centrales nucleares de todo el
mundo.

No obstante,
hay un aspecto del análisis de las
consecuencias del accidente de Fukushima
que, como profesionales de la seguridad
nuclear y técnicos del Consejo de
Seguridad Nuclear (CSN), nos preocupa
especialmente. ¿Qué han aprendido los
organismos reguladores y, en particular,
nuestro regulador nuclear del accidente de
Fukushima?

En el caso de
Japón podemos afirmar que  las
lecciones aprendidas han sido
múltiples y contundentes.

Cuando ocurrió
el accidente, Japón disponía de una
Agencia de Seguridad Nuclear denominada
“NISA”. Cuando se analizó el papel que
este organismo venía desempeñando en
relación con las instalaciones nucleares,
y se identificaron múltiples aspectos de
su funcionamiento que contribuyeron de
manera significativa a la ocurrencia del
desastre, la NISA fue sustituida por otra
entidad de nueva creación denominada “NRA”
(Nuclear Regulation Authority – Autoridad
Reguladora Nuclear). El cambio en las
estructuras y en el funcionamiento fue
radical, y entre sus principales acciones
se encuentra la revisión de todas las
bases de licencia de las instalaciones
nucleares japonesas, de las cuales todavía
hoy 37 permanecen en parada desde 2011,
siendo improbable que vuelvan a funcionar
en los próximos años, y tan solo 5
reactores están ahora en funcionamiento.

En los
informes realizados por las diversas
instituciones japonesas de mayor
relevancia en el ámbito nuclear, al
identificar las causas del desastre, se
pueden entresacar advertencias y
conclusiones como éstas (información
tomada de documentos publicados):

Captura reguladora –
fallo en la independencia reguladora:
El accidente de la central de
Fukushima fue el resultado de la
connivencia entre el poder
gubernamental, los reguladores y la
compañía eléctrica operadora TEPCO, y
de la falta de acción de gobierno de
dichas partes responsables. Ellos
traicionaron el derecho de la nación a
estar segura frente a accidentes
nucleares. Por consiguiente, el
accidente fue claramente producido por
el hombre (“man-made”), y derivado de
la falta de independencia reguladora.
Esto es captura reguladora
(“Regulatory Capture”).

Fallo en la cultura de
seguridad: Todos los involucrados en
la energía nuclear deben tener cultura
de seguridad sin la cual no habrá
mejora continua de la seguridad
nuclear. Los operadores de las
centrales deben analizar en
profundidad si han aplicado siempre
las medidas apropiadas para mejorar la
seguridad, cuando el riesgo no estaba
en el nivel aceptable y no se tenía
confianza en que la operación de la
planta fuera segura en toda situación.
Esto supone no dar prioridad a la
seguridad frente a otras variables.
Los reguladores, como responsables de
la seguridad del público, deben
analizar en profundidad si han sido
serios en incorporar los nuevos
conocimientos de una manera pronta y
responsable, no dejando ninguna duda
en términos de seguridad. Esto es
falta de agilidad y determinación en
las decisiones.

Fallo en la actitud
crítica: Japón deberá establecer una
cultura de seguridad, persiguiendo
como esencial la defensa en
profundidad para garantizar en todo
escenario la seguridad nuclear; y
mantendrá una actitud crítica para
tratar de identificar las debilidades
y avanzar en las mejoras necesarias.

Sesgo cognitivo: La
tendencia a tener ilusiones positivas
nos lleva a concluir que un problema
no existe o que no es lo
suficientemente severo como para
merecer nuestra acción. De este modo
se descarta el futuro, reduciendo
nuestra valentía a la acción presente
para evitar algún desastre que creemos
que está muy distante. La negligencia
existió por una fijación mental ligada
a la falsa creencia de que todo era
seguro.

Ignorancia hacia la
ciencia: La información científica de
geólogos en 2001 ya indicaba, como
puede verse
en la conclusión de su estudio,
que la posibilidad de que ocurriera un
gran tsunami que llegara hasta más
allá de 3 km tierra adentro en la
meseta de Sendai era alta, pues ya
habían transcurrido más de 1.100 años
desde el tsunami Jogan (13 de julio
del año 869), pudiendo ocurrir en
cualquier momento otro similar, dado
que el periodo de retorno estimado era
de entre 800 y 1.100 años.

La incertidumbre como
disculpa: Las decisiones en estos
asuntos siempre se toman en ambiente
de incertidumbre y ésta permite
hacernos ilusiones pensando que “nunca
nos ocurrirá a nosotros”, pero la
realidad es a menudo sorda a nuestros
deseos.

Autocomplacencia: La
complacencia junto con la burocracia
permitieron que prevaleciera el mito
de la seguridad, dejando de hacer la
necesaria mejora continua.

El mito de la
seguridad absoluta: Permite creer en
una ilusión de riesgo cero, siendo la
forma más fácil de persuadir a los
interesados y viéndose los reguladores
envueltos en esta creencia. Se ven
atrapados por sí mismos bajo el mito
de la seguridad y capturados para
pensar de manera consistente con él.
Se produce una pérdida de autocrítica;
pérdida de actitud de aprendizaje;
aislamiento en silos; falta de
comparación, evitando apoyarse en los
demás, y atendiendo a la falsa idea de
que “todas las instalaciones son
igualmente seguras”.

Procrastinación: El
mito de la seguridad conlleva una
actitud de dejarlo para después, y una
falta de agilidad; tomar el camino
fácil es la opción más sencilla. Desde
2006 tanto TEPCO, empresa propietaria
de la central de Fukushima, como la
Administración pública, eran
conscientes de que existía un riesgo
de tsunami que superaba las hipótesis
de diseño. Sin embargo, no se atendió
a ninguna instrucción o petición
específica. No supervisaron
apropiadamente el progreso del asunto.
No se paró ninguna instalación
nuclear.

Burocracia: El mito de
la seguridad lleva a la burocracia. Un
ejemplo: En debates técnicos del OIEA
en 2006 para revisar una Guía
reguladora, se planteó el término de
PAZ para establecer un área de
precaución (Precautionary Action
Zone). La administración japonesa
(NISA) se opuso alegando que “era
extremadamente improbable que pudiera
ocurrir un accidente grave con emisión
de gran cantidad de materiales
radiactivos, por lo que no se
necesitaba la evacuación inmediata de
residentes dentro de un radio de 5
kilómetros”. Como argumentación se
decía que “si se introducían las
propuestas del OIEA los residentes
locales se verían forzados a
considerar un cambio de domicilio;
esto produciría una confusión social
significativa y alimentaría la
percepción de que las medidas
existentes eran insuficientes.” Esto
es: “no despertar al niño dormido”. La
inercia burocrática y el temor a
provocar “alarma social” son
incompatibles con la seguridad
nuclear.

Sesgo de omisión y
statu quo: Tendencia a mantener el
statu quo, y a rechazar cualquier
medida que pueda suponer un perjuicio
aunque nos traiga un bien mayor. Como
sociedad, somos mucho más propensos a
cometer errores de omisión (no hacer
nada) que errores de comisión (causar
daño).

Fallos
institucionales: Se produce un fallo
en el incentivo para tomar acciones.
Las personas de la organización deben
evitar identificar nuevos problemas.
Los líderes y organizaciones reconocen
potenciales amenazas pero no las
consideran suficientes para justificar
su atención seriamente. Como
consecuencia, se produce el fallo en
la asignación de los recursos
necesarios.

Problemas
estructurales: La promoción de la
energía nuclear llega a ser lo más
importante. Esta es la causa principal
por la que fue obstaculizada la
formulación y desarrollo de una sólida
cultura de seguridad. Para los
reguladores de Japón las
consideraciones de “promoción” tomaron
prioridad sobre la toma de medidas de
nueva regulación. Temían que las
nuevas regulaciones pudieran poner en
cuestión la validez de las medidas de
seguridad que estaban siendo
aplicadas, y que surgieran nuevos
litigios con abogados que pudieran
perder, o atraer la atención indeseada
de grupos antinucleares. Estaban
ofuscados en su creencia de
infalibilidad y fueron reacios a
mejorar las regulaciones de seguridad.

Inconsciencia: El
accidente de criticidad (iniciación
imprevista de la reacción en cadena en
el reactor) de Tokaimura en 1999 tuvo
como causa raíz la falta de
“conciencia del riesgo” de sufrir un
accidente de ese tipo. Pero de poco
valió identificar esa falta a
posteriori. Es importante tener en
mente las lecciones derivadas de
sucesos pasados. Para que prevalezca
esta conciencia del riesgo en nuestra
sociedad debemos cambiar nuestra
creencia en el mito de la seguridad
absoluta por el concepto de
“evaluación de seguridad informada por
el riesgo”.

Falta de memoria
institucional: Lapsus en captar las
lecciones aprendidas, y erosión a
largo plazo de la estructura o memoria
institucional debido a la pérdida de
los expertos conocedores e
involucrados en los sucesos.

Partir de la
premisa de que nunca podrá ocurrir un
accidente nuclear en un territorio es ya
un mal punto de partida. La necesaria
actitud crítica debe plantear esa
posibilidad como escenario sobre el cual
trabajar para las mejoras que sean
necesarias. Ignorar esa posibilidad llevó
al desastre de Fukushima. El mito de la
seguridad existió entre los operadores
nucleares y la administración,
convenciéndose a sí mismos de que
accidentes severos de gran alcance no
podrían ocurrir nunca en las centrales
nucleares en Japón.

Estos
documentos desmontan mitos que se han
establecido y que contribuyen a aplicar la
opción más fácil para que todo siga igual.
Se necesita un cambio de planteamiento
desde el regulador, que debe liderar un
modelo de supervisión y control no
condicionado a variables económicas o de
otra índole.

El presidente
del actual regulador nuclear japonés (NRA)
Toyoshi Fuketa, experto de reconocido
prestigio internacional y con una dilatada
experiencia en seguridad nuclear,
transmite en su web  un
mensaje con el siguiente texto:

“(…) Desde
Fukushima hemos realizado incansables
esfuerzos para garantizar la transparencia
y aplicar medidas regulatorias que
reflejen la información y las lecciones
más recientes, tanto nacionales como
internacionales.

El accidente
nuclear de Fukushima Daiichi todavía está
fresco en nuestra memoria. La NRA ha
mantenido un permanente sentido de la
misión y la responsabilidad en los niveles
más altos, pero también es cierto que,
como seres humanos, tendemos a olvidar las
cosas con el tiempo. Por lo tanto, es
esencial grabar las lecciones aprendidas
de Fukushima en la memoria institucional
de la NRA, más allá de hacer reflexiones
personales.

Debemos evitar
caer en una mentalidad de
autosatisfacción, y reconocer que la
búsqueda de los más altos estándares de
seguridad es nuestra máxima prioridad.
Estoy decidido a hacer todo lo posible
para infundir amplia confianza en nuestras
normas de seguridad nuclear basadas en la
independencia y la transparencia.”

En
este enlace pueden verse videos
explicativos sobre el accidente y cuáles
son los problemas de la energía nuclear
tras Fukushima. También se puede ver a
modo de cuento explicativo cómo se llega a
la captura del regulador.

Y llegados a
este punto no dejamos de preguntamos ¿qué
ha cambiado en el Organismo Regulador
español después del accidente de
Fukushima?

En estos siete
años ha habido abundancia de información
sobre el desarrollo del accidente. También
se han exigido a las centrales las
modificaciones que se han propuesto a
nivel internacional. Sin embargo, en todo
este tiempo, ningún directivo del CSN ha
considerado oportuno promover seminarios
en los que, a la luz de lo ocurrido en la
NISA, se analizasen los procesos del CSN
para identificar puntos de mejora. El CSN
ha participado en diversas misiones del
OIEA de asistencia a Japón para analizar
el accidente y contribuir a la resolución
de sus consecuencias. Sin embargo, ni de
esas misiones ni de ninguna otra
iniciativa se han extraído consecuencias
que modifiquen el funcionamiento del CSN.
Y tampoco se ha considerado siquiera la
posibilidad de traer a algún experto
regulador japonés para que nos
transmitiera su experiencia.

Lo que sí se
ha hecho en el CSN durante este tiempo ha
sido:

-Modificar
procedimientos y normativa para quitar
importancia a los sucesos que ocurren en
las centrales nucleares. El ejemplo más
claro ha sido la modificación de los
criterios de clasificación en la Escala
INES.

-Ignorar
conclusiones de informes de evaluación y
actas de inspección cuando pudieran
suponer un perjuicio para el titular de la
instalación. Como ejemplo, la permisividad
con una central nuclear que estuvo
funcionando varios meses con su sistema de
agua de servicios esenciales en
condiciones degradadas y con riesgo de
fallo.

-Impedir, o al
menos, dificultar la comunicación entre
los técnicos del Organismo para intentar
que no trasciendan los problemas de las
centrales nucleares. Como ejemplo, el
cambio en los procedimientos de la
Inspección Residente en el que se prohíbe
la comunicación directa de los inspectores
residentes con sus compañeros en la sede
central del CSN.

-Ignorar las
denuncias de actuaciones o, más bien, de
faltas de actuación injustificables por
parte de la jerarquía del CSN, que nuestra
Asociación ha transmitido en repetidas
ocasiones al Pleno del CSN. La única
respuesta que esas denuncias han producido
ha sido la amenaza hacia esta Asociación.

-Dulcificar
sistemáticamente la información al público
sobre incidentes ocurridos en las
centrales nucleares. Las notas de prensa y
las informaciones publicadas en la web del
CSN reproducen con demasiada frecuencia
argumentaciones del titular de la
instalación sin entrar a analizar la
verdadera importancia de los sucesos. Muy
recientemente hemos tenido un ejemplo en
el que una central notifica al CSN un
incumplimiento de las Especificaciones
Técnicas de Funcionamiento sobre fugas en
el sistema de refrigeración mientras se
asegura que el nivel de fuga estaba muy
por debajo de los límites aceptados en
dichas Especificaciones. ¿Cómo pueden ser
ciertas ambas cosas a la vez? Pues bien,
el CSN en su información al público, se
limita a transcribir esta argumentación.

A la vista de
esta realidad podemos concluir que, no
solo el CSN como institución no ha
aprendido nada del accidente de Fukushima,
sino que su evolución es exactamente la
contraria a la que requerirían las
lecciones que otros han aprendido de este
accidente.

Los mensajes
que escuchamos en el regulador nuclear
español nos generan mucha más alarma como
expertos que la que podamos nosotros
trasladar a los ciudadanos con nuestra
actitud crítica, con la que estamos
despojándonos de un miedo que se ha
promovido como actitud funcionarial
correcta, sumisa a la jerarquía y sin
cuestionar el statu quo. La principal
preocupación para algunos es “no parar las
centrales nucleares”. Las compañías
eléctricas en Japón consiguieron que fuera
esa y no otra la mayor preocupación del
organismo regulador (NISA) antes del
accidente de Fukushima, como ellos mismos
nos han explicado.

A la entrada
del CSN, detrás del mostrador de
recepción, los visitantes y, sobre todo,
los trabajadores del Organismo, podemos
ver una pantalla informativa. En ella
aparecen esporádicamente algunas
informaciones de utilidad como el programa
de eventos que se celebrarán durante el
día, pero la mayoría de las veces que uno
mira a esa pantalla, la información que
encuentra es el estado operativo de las
centrales y la potencia a la que están
funcionando. Todo un símbolo del mensaje
que más o menos subliminalmente se nos
transmite de la importancia de que las
centrales nucleares estén en
funcionamiento y al máximo rendimiento
económico posible.

Con ese
objetivo principal se impide una verdadera
cultura de seguridad sin la cual todo
podrá pasar con mayor riesgo. Las
compañías eléctricas japonesas no
permitieron parar las centrales cuando se
determinó que no cumplían con los
criterios de seguridad, siendo ello
aceptado por el organismo regulador. Ambos
se dijeron a sí mismos: “La energía
nuclear es en principio segura” y
siguieron operando. “A nosotros nunca
puede pasarnos” es otra frase que
escuchamos por aquí a menudo.

Después de
Fukushima, algunos hemos empezado a tener
conciencia de nuestro papel, fundamental
para aportar garantía en la seguridad
nuclear. La ocurrencia de este accidente
ha sido clave en el arranque de la  Asociación que
creamos en 2015 técnicos del Consejo de
Seguridad Nuclear , y que no es
reconocida ni considerada por el
establishment de nuestro país y, más
sorprendentemente, por el propio CSN.

Pero nacimos
con la pretensión de crear un ambiente en
el que pueda sobrevivir un gen que nos
haga pensar en “la seguridad primero”, lo
cual no resulta sencillo en este mundo con
lobbies que atienden en muchas ocasiones a
argumentos economicistas. Y en ello
seguimos
.


 

FontFuente: sirenovablesnuclearno@pangea.org

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